Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Estados Unidos se enfila hacia el caos y la incertidumbre electoral

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Gregorio MerazEE.UU.

A poco más de un mes y medio para las más reñidas elecciones en su historia, Estados Unidos se enfila a un creciente caos e incertidumbre

Por Gregorio Meraz

Cuando falta poco más de mes y medio para las más reñidas elecciones presidenciales de su historia, Estados Unidos se enfila a un creciente caos e incertidumbre, que generan alarma y nerviosismo entre expertos y la población por el impacto que puedan tener en la seguridad y estabilidad durante comicios que este año, a diferencia de otros, hacen prácticamente imposible pronosticar resultados.

Las últimas encuestas destacan que la desaprobación al trabajo del presidente Donald Trump (38% a favor y 59% en contra) en la prevención y contención de COVID-19, evidencia el fracaso del mandatario y su manejo político, no científico, de la crisis sanitaria que “confía resolver” con una vacuna al vapor que ordenó se distribuya a partir del primero de noviembre.

Eso generó el cambio de preferencias electorales en estados que ahora podrían dar 297 votos electorales al demócrata Joe Biden contra 170 de Trump, en regiones que antes lo apoyaron, como Florida, 29 electores; Pensilvania, 20 electores; Carolina del Norte, 15 electores; Colorado, 9 electores; Nevada, 8 electores; Nuevo México, 5 y otros, si las cosas marchan como hasta ahora.

Foto de EFE/EPA/JIM LO SCALZO

 

Desesperado ante una eventual derrota que limite su mandato a un solo término, el presidente Trump intensificó sus ataques contra los demócratas, a quienes acusa de “ser marxistas, izquierdistas radicales y anarquistas, los mismos a los que Estados Unidos luchó para derrotar en la II Guerra Mundial”.

Montado en el movimiento QAnon, que lo promueve como “defensor de la civilización occidental combatiendo a grupos secretos que controlan al mundo” con base en teorías de conspiración, Trump dice “luchar por el rescate de la sociedad civil y al mundo, y en contra de la filosofía radical que quiere destruir a Estados Unidos”, todo con el apoyo de funcionarios que debían de hacerle contrapeso.

Como el procurador general William Barr, quien, sin respetar la tradicional independencia del Departamento de Justicia frente al Poder Ejecutivo, apoya abiertamente descabelladas e incendiarias declaraciones de Trump, asegurando en una entrevista a la cadena televisiva CNN, que “la izquierda radical representa una amenaza para el imperio de la ley”, defendiendo un inédito presidencialismo absoluto y sin supervisión del Congreso.

Asegura que, gracias a ello, Trump “logra gloriosos momentos en la lucha contra el fascismo, el comunismo y fascismo islámico” y confirmando su participación en esa ficticia “lucha contra un enemigo sin compasión”, que considera “amenaza existencial” que “justifica el uso de medidas extraordinarias y extra-legales”, un argumento que -con su anticipada renuencia a aceptar el resultado electoral revela su intención de continuar en el poder a costa de lo que sea.

Por encomienda de Trump, Barr quien distorsionó el Reporte Mueller, ocultó al Congreso la denuncia del ‘Whistleblower’ de la CIA que originó el proceso de impugnación y actúa a voluntad del presidente, será quien decida a qué ciudades gobernadas por los demócratas le suspenderá los fondos federales “por no acatar el uso de la fuerza para reprimir manifestaciones” como pidió Trump.

Candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, Joe Biden. Foto de EFE

 

Tratando de recuperar el terreno perdido por su incapacidad, su ignorancia, ineptitud, mentiras, deshonestidad, abuso de autoridad y más, el presidente Trump ordenó medidas extremas, como demorar hasta 2 meses reportes de inteligencia acerca de las intensas acciones de Rusia, tratando de asegurar su reelección, suspender la comparecencia de su inexperto director Nacional de Inteligencia, John Ratcliffe al Congreso, para reportar sobre ese tema, limitando su función a breves reportes escritos.

Eso ocurre, luego que el Comité de Inteligencia del Senado difundió su quinto y último reporte sobre la injerencia rusa en la elección presidencial de 2016, que lo favoreció.

El informe, que consta de 1.000 páginas con el contenido de un millón de documentos revisados durante 3 años y medio, contiene evidencia de que la interferencia rusa no fue “fake news” (noticias falsas) ni engaño, sino una preocupante realidad que amenaza repetirse, con anuencia del presidente y los senadores republicanos.

Un comité bipartidista determinó que “el presidente ruso Vladimir Putin, ordenó hackear computadoras del Partido Demócrata, como pidió el presidente Trump públicamente y filtrar información a través de WikiLeaks y que Paul Manafort representó una seria amenaza de contra-inteligencia.

Entre sus ataques a diestra y siniestra Trump además acusó a la Administración Federal de Drogas y Alimentos (FDA) de “tratar de sabotear su reelección, revocando y demorando la autorización de tratamientos y vacunas contra Coronavirus, hasta después del 3 de noviembre”.

Ha sido capaz de desmantelar infraestructura del Servicio Postal para impedir una mayor votación por correo sugerida para evitar más contagios de Covid-19, con el infundado argumento de un “potencial fraude” electoral; pidió pruebas antidrogas de Joe Biden, sugirió a sus partidarios ilegalmente “votar doble, por correo y en casillas”, para generar un caos y permanecer en el poder, lo que constituye un crimen serio, como advirtió de inmediato el Colegio Electoral.

Eso forzó a Trump a “aclarar” que “lo que quiso decir fue, que luego de votar por correo sus simpatizantes debían de ir a sitios de votación para asegurarse de que sus boletas por correo fueron contadas”.

Tras ignorar estallidos de violencia racial en Seattle, Portland, Kenosha y otras ciudades, Trump se apareció en Kenosha, WI, escenario de la tensa confrontación entre afroamericanos, que reclaman castigo al policía que disparó por la espalda a Jacob Blake, un joven negro de 29 años; el asesinato de 2 manifestantes, perpetrado por el supremacista Kyle Rittenhouse, ligado a grupos neonazis, a quien defendió diciendo que disparó “en defensa propia”.

Trump no fue a promover la paz, sino a aumentar la división y la tensión, apoyando supremacistas, llegados de otros estados para agredir a manifestantes y las brutales prácticas de la policía, todo eso con el respaldo del procurador general William Barr.

Mientras Joe Biden, su contendiente demócrata, condenó la violencia de seguidores de Trump y algunos afroamericanos, viajó a Kenosha para reunirse con familiares de las víctimas y con el gobierno, además de exhortar a la población a mantener el orden y a las autoridades a impartir justicia, con juicios justos y abiertos, para mantener el orden y confianza de la población.

Biden también ha destacado la urgencia de un plan contra la incontenible expansión de COVID-19, colocando a la cabeza a los más destacados científicos, volver al orden constitucional y devolver los derechos a quienes Trump se los ha arrebatado.

Biden, quien recibió el apoyo de 70 exfuncionarios de seguridad nacional y docenas de excongresistas republicanos, encabezados por el general Michael Hyden, exdirector de la Agencia Nacional de Seguridad y la CIA; el embajador John Negroponte; el exdirector nacional de Inteligencia, William Webster; exdirector de la CIA y el FBI entre otros, se comprometió a resolver el tsunami de problemas que heredaría de Trump.

Los más urgentes, según Biden son la atención a los más de 6 millones 150 mil infectados de COVID-19, la saturación cada vez mayor de los hospitales, los severos estragos a la economía, abatir niveles de desempleo sin precedentes, conjurar la amenaza de desalojo que enfrentan más de 40 millones trabajadores que comenzaron a ser despojados de casas y departamentos de alquiler, por adeudos de hasta 8 meses de renta, que no pueden cubrir porque perdieron ingresos y seguros médicos.

Además, expertos republicanos que apoyaron las campañas presidenciales de John McCain y Mitt Romney, ofrecieron su apoyo al candidato demócrata Joe Biden.

Estamos convencidos de que 4 años más de Donald Trump, llevarán a Estados Unidos a la bancarrota moral, daño irreparable a nuestra democracia y transformación permanente del Partido Republicano en un órgano tóxico de culto a la personalidad del presidente”, dijeron los expertos.

Los republicanos, a los que se unieron exfuncionarios de la administración Trump, señalan que “los desafíos globales de Estados Unidos demandan un presidente capaz de liderar en el escenario mundial, al lado de los aliados y confrontando a los adversarios, no alguien que alaba a autócratas totalitarios, que encarcelan periodistas, que se codea con tiranos que persiguen a minorías religiosas y envían cartas de amor a dictadores que tienen campos de concentración modernos”.

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