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¿Hay en los mercados una sobrerreacción en contra del peso por la baja en los precios del petróleo?

En teoría, sí. Porque la economía mexicana tiene décadas que no depende de esos ingresos para equilibrar su balanza comercial y las finanzas públicas se las han arreglado bien hasta ahora para cubrir esa falta de ingreso.

Pero, en la realidad, si en los mercados financieros se ve una posibilidad de ganancias apostando contra determinada divisa, lo van a hacer sin tocarse el corazón.

El asunto, además, es que este país manufacturero, esta nación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otras decenas más de acuerdos comerciales, tiene una sustancial baja en sus exportaciones.

Algo que tenemos que entender de esta tensión financiera global es que se ha terminado con muchas de las premisas con las que se solían construir los escenarios futuros.

En el caso del petróleo, ya dejó de ser cierto que si hace más frío en el invierno, entonces suben los precios del crudo. Y como prueba de ello está la cotización más baja en los últimos 14 años del precio del barril de petróleo, justo el día que la tormenta invernal más fuerte de las últimas décadas azotaba la costa este de Estados Unidos.

En el terreno de las manufacturas, ya vimos que no es verdad que si el peso está subvaluado, las exportaciones crecen de manera exponencial porque se vuelven baratas.

Hoy hay que desembolsar más de 18 pesos por dólar y las exportaciones manufactureras han bajado.

El mercado petrolero está dominado por intereses poco climáticos, más políticos y totalmente especulativos. Una baja de 7% en el precio del Brent o del WTI en un solo día no tiene correlación con la oferta y la demanda, sino con la dinámica frenética de los mercados financieros donde se negocian sus contratos.

Y la devaluación pareja de las monedas del mundo emergente abarata de manera más homogénea los productos frente a divisas maduras, como el dólar de Estados Unidos o el euro.

Al mismo tiempo, la economía de Estados Unidos se enfrenta a la desventaja competitiva de tener una moneda tan fuerte que encarece sus exportaciones y abarata las importaciones; lo que corre, evidentemente, en contra de su industria manufacturera.

De hecho, el sector industrial estadounidense está en el terreno recesivo desde el año pasado.

Hoy en México el presidente Peña Nieto prometió un apoyo extraordinario a los estados dependientes del petróleo, como Tabasco o Campeche, que han visto cómo se derrumban sus economías.

El más reciente Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal del Inegi muestra las dos realidades que prevalecían hasta septiembre, la del México petrolero en crisis profunda y la del México manufacturero en crecimiento pleno.

Hay estados con caídas económicas al estilo venezolano, como -6.5% de Campeche o la caída de Chiapas, que sin crecimiento y sin petróleo se derrumbó hasta el tercer trimestre y en términos anuales 5.2 por ciento.

Pero también hay economías estatales que crecen hoy más que China, como los más de 6% de Querétaro, San Luis Potosí y Baja California.

Habrá que ver la suerte del México manufacturero en los meses por venir, por la desaceleración estadounidense y, por supuesto, los apoyos al México petrolero tienen que hacerse con total sanidad macroeconómica para evitar que el México país se pueda enfilar hacia algún desequilibrio financiero.