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El 6.66% parece poca cosa, comparado con el más de 100% anual de los 80. Es digna de tomarse en serio, en referencia a 2.1% que tuvimos al cierre del 2015.

La inflación anualizada llegó a 6.66% en agosto. Los supersticiosos notarán que el número 6 se repite tres veces. Así es el número del nombre de la bestia, según el Apocalipsis. Los economistas, afortunadamente, no se dedican a revisar profecías bíblicas. Se concentran en un dato: es la mayor inflación registrada desde el 2001, para el octavo mes del año.

Decir que la inflación está fuera de control sería una exageración, pero no podemos negar que este fenómeno se ha instalado en este 2017 con terquedad. Sigue firme en el noveno mes del año, a pesar de las medidas para contenerla. El Banco de México ha subido cuatro veces las tasas de interés en lo que va del año. Un alza de tasas encarece el dinero y frena la demanda. Normalmente esto produce un efecto de moderación en los precios.

¿Qué tan grave es la inflación? El 6.66% parece poca cosa, comparado con lo que México vivió en otros momentos: más de 100% en los 80. Es digna de tomarse en serio, si la referencia es 2.1% que tuvimos al cierre del 2015. Ese mes se logró la menor inflación en cuatro décadas.

Los optimistas confían en que el alza de los precios ya tocó techo, pero su optimismo tiene patas cortas: desde hace dos meses se hablaba de que la inflación había alcanzado máximos…y siguió subiendo. Las alzas de precios registradas entre junio y agosto de este año son relevantes porque estos meses, normalmente, se caracterizan por tener poca presión inflacionaria.

Los pesimistas nos recuerdan que hay factores que están fuera de control y harán difícil que la inflación baje: por ejemplo, la temporada de huracanes. Harvey le pegó a la zona petrolera de Estados Unidos y traerá presión a los precios de los petrolíferos. Irma y Katia podrían golpear a regiones productoras de frutas, verduras y granos.

El brote inflacionario del 2017 tiene mucho que ver con el proceso de liberalización del mercado de los derivados del petróleo. Este año han entrado en vigor diversas disposiciones para eliminar los controles de precios en gasolina, diesel y gas. Es de todos conocido que la inflación se destapó con el alza de los precios de las gasolinas decretado en enero. Menos resonancia ha tenido en los medios masivos lo que ha pasado con los precios del gas. Este insumo subió 56% en el primer semestre del año. En agosto, registró un alza adicional cercana a 3 por ciento.

El alza de precios ha vuelto a ser un tema de conversación. Las amas de casa hablan del incremento del ticket en el supermercado y ponen en duda la cifra oficial que emite el Inegi, “qué 6% ni qué ocho cuartos, estoy gastando mucho más que el año pasado”, dicen. Los empresarios hablan del aumento de los costos. Tiene su riesgo que la inflación sea trending topic: contribuye a generar expectativas inflacionarias. El que puede aumenta sus precios.

De pilón. A fines de octubre terminará la gestión de Agustín Carstens al frente del Banco de México. El asunto es relevante porque esta institución tiene el mandato de combatir la inflación y las últimas semanas del gobernador Carstens en el Banxico serán las de mayor inflación de su mandato. Los riesgos sucesorios son bajos porque el banco central es una institución muy sólida. Para sucederlo, suena con fuerza el nombre del subgobernador Alejandro Díaz de León. ¿Será?

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