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Para nada es buena noticia que sea por una denuncia anónima que la Secretaría de la Función Pública investigue el patrimonio de Manuel Bartlett, y no por los documentos oficiales de una investigación periodística sobre su “imperio inmobiliario” de 23 casas de lujo.

El director de CFE será exonerado (“tiene toda mi confianza”, ya dijo el presidente) y, la apertura de la pesquisa, un garlito para, mediante repudiables denuncias “anónimas”, desatar cacerías de brujas contra adversarios.

Nada anónimo puede ser bienvenido en una democracia. Nunca será mejor pretexto de “autoridad moral” para el gobierno, que ufanarse de que, a quien primero investigó por una denuncia anónima, fue a uno de los suyos.

Sólo que para uno de los suyos habrá justicia y gracia y, para los adversarios, justicia a secas. ¿Por qué tiene que ser mediante el anonimato? Si es pública (y con nombre de la autora) la documentación de la fortuna 16 veces mayor a lo admitido por el funcionario.

No olvidemos que ya el país vive bajo vigilancia masiva, con el portal de la SFP “Ciudadanos Alertadores Internos y Externos de la Corrupción”, consistente en que quienes detecten un acto “indebido”, lo denuncien sin dar su nombre.

Apenas con eso, las autoridades pueden ordenar la prisión preventiva oficiosa contra quien el “ciudadano alertador” haya presentado las pruebas secretas que recolectó, al estilo “Gran Hermano”, de la novela de George Orwell, 1984.

Así que, es indigna de elogios la manera en que el gobierno investiga a uno de los funcionarios que gozan de la confianza pública del presidente, pues eso es aprobar la acusación no sólo anónima, sino también masiva y facilona… de unos ciudadanos contra otros.

Porque ello, al final, se convierte en totalitarismo, con el cuentecito de que se pretende una “transformación radical de la sociedad”, pero que consiste en el control, por parte del gobierno, de todos los sectores de la vida de cada persona.

¿Qué eso no puede pasar en México? Bueno, en los albores del chavismo, hace apenas 19 años, le decías eso a un venezolano y te respondía: “No, vale, no, aquí en Venezuela no”. Y, hoy, Venezuela es una de las dictaduras de izquierda más férreas del mundo.

Por eso, no hay que aburrirse de citar al fraile Niemöller:

Primero vinieron por los comunistas

y no dije nada porque yo no era un comunista.

Luego se llevaron a los judíos

y no dije nada porque yo no era un judío.

Luego vivieron por los obreros

y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.

Luego se metieron con los católicos

y no dije nada porque yo era protestante.

Y cuando finalmente vinieron por mí

no quedaba nadie para protestar.