Minuto a Minuto

Nacional Muere magistrada de Zacatecas tras ataque de abejas
La magistrada Oyuki Ramírez murió tras nueve días hospitalizada en Zacatecas a consecuencia de un ataque de abejas
Nacional Lluvias en CDMX: ¿qué significa la Alerta Púrpura?
La CDMX cuenta con un sistema de alertas por lluvias que se clasifica en cinco niveles y colores conforme a la intensidad del riesgo
Nacional Así se ve Olinia, auto eléctrico diseñado y fabricado en México
El Gobierno de México presentó este 13 de mayo de 2026 del auto eléctrico Olinia, diseñado y fabricado en México
Nacional Hallan túnel clandestino hacia ductos de Pemex en Hidalgo; detienen a seis sujetos
Un reporte ciudadano llevó al aseguramiento de un túnel clandestino que pretendía ser conectado a ductos de Pemex
Nacional Metro CDMX, con dosificación de usuarios en ocho líneas
Derivado de la alta afluencia el Metro CDMX implementa maniobras de dosificación de usuarios en ocho líneas

Es fácil colgarse de un exitoso para contar la historia propia.

Alfonso Cuarón es el exitoso. Pero más que eso. Es la persona que ha podido contar y crear, alrededor de su infancia, una obra tierna sin drama telenovelero y artística visualmente.

Nada más lejano querer colgarse de Cuarón.

Mas en lo personal, el aclamado director -hoy universal y no sólo mexicano- me hizo retroceder en el tiempo y volver a vivir en imágenes cada uno de mis momentos de inicios de los setenta del siglo pasado.

Pareciera ser mi propia historia en la clasemediera colonia Viaducto Piedad -no muy lejana de la Roma- donde el paso de los aviones a cada momento me ilusionó cientos de veces queriendo ser piloto o volar en ellos. Hoy siguen siendo un referente de vida.

Donde las azoteas eran el lugar en el que se abrían horizontes y sueños en una ciudad entonces limpia, transparente, de vistas hermosas en sus atardeces y amaneceres.

Azoteas desde donde nos tirábamos un grupo de infantes para admirar a mi adorada Luna y, de manera traviesa y precoz, otear muchachas tendiendo ropa en las jaulas.

Roma es el recuerdo de mi infancia-adolescencia.

De aquellas jóvenes que trabajaban en las casas y eran parte de nuestra familia. Y a veces nuestros íconos.

La rememoración de una cantidad enorme de música de baladas en español, del disco-dance; el descubrimiento de las tendencias en inglés… y notas de Pink Floyd que en su momento no captaba en su intensidad pero que me marcaron al punto de lograr juntar después una colección completa de todos sus discos.

El recuerdo también de las cosas trágicas que en su momento no entendí: el halconazo del 71. Y la campaña priísta de Luis Echeverría.

Quizá pocos recordamos -pero Cuarón lo capta muy bien- el paso de soldados, marchando a tambor batiente por las calles de Marcos Carrillo en la Viaducto Piedad y otras colonias más, en lo que una y otra vez se insinuó como la antesala de un Golpe de Estado.

Las calles, el tipo de automóviles, la arquitectura y el mosaico que adornaba las casas. El cine de Insurgentes…

Muchos recuerdos, muchos golpes visuales que conectaron mis neuronas y sacaron de mi memoria tantos momentos de mi vida, en tanto sólo 135 minutos.

Ha creado Cuarón una obra plástica de cientos de cuadros, no sólo un filme bello, con todas las lecturas y recuerdos que pudiera tener para toda una generación de clasemedieros.

¡¡Gracias Alfonso Cuarón!!