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Me salí del restaurante donde nos juntamos para ver el partido mi cuñada Gabriela, su marido Alfredo, su hermano –de Alfredo- Roberto, mi hijo Emilio y yo. Me salí en el momento que cayó el gol por el penalti que Rafa Márquez le cometió a Robben: palabra que en Holanda es apellido y en el gremio político mexicano, con una sola “b”, una sugerencia que ya se hizo costumbre.

¿Por qué te vas?, me preguntó mi concuño cuando le dejé dinero para la cuenta. Es que después va a haber mucho tráfico –respondí-. En realidad voy a celebrar el triunfo de Holanda en la calle de Ámsterdam en la Condesa -pensé, pero no lo dije-. El ambiente no estaba para bromas. Y es que la derrota dolió sobre todo después de tener la calificación resuelta durante más de 80 minutos. Pero como decía don Fernando Marcos que decían los ingleses: “El último minuto de juego también tiene 60 segundos”.

De regreso a casa me prometí a mí mismo no volverme a apasionar de manera enfermiza con la selección mexicana de futbol, porque como dice Alberto Cortés en una canción: “mientras más alto volamos nos duele más la caída”. Luego lo pensé mejor y concluí que debo ser objetivo. No puedo caer en la manipulación del entusiasmo nacional que se crea cada cuatro años para vendernos toda clase de mercancías con el señuelo de la esperanza. Luego, viene el fracaso y nos ofrecen el paliativo de lo bien que jugamos, la mala suerte que tuvimos, el mal arbitraje que nos acuchilló y dejan abierta la puerta para la fe. “Pero ya nos vamos a poner a trabajar para que dentro de cuatro años hagamos mejor papel”.

En mi caso reconozco que entre más viejo más iluso. Al igual que millones de compatriotas me fui con la finta del “sí se puede”, que aunado a la necesidad de comprobar, con resultados concretos, que algo en nuestro querido país funciona bien, son dos motivantes a los que apelan los prestidigitadores mediáticos para hacernos soñar, para ilusionarnos con la victoria. El resultado de esto es que creamos del triunfo o del fracaso del representativo nacional es nuestro fracaso o nuestro triunfo. De ahí que festejemos el éxito hasta el paroxismo y la derrota nos duela hasta la furia y la violencia.

Ya hoy más tranquilo pienso que si bien me hubiera gustado que la selección llegara al quinto partido, tal parece que éste nos está vedado. Quedamos en el mismo nivel en el que estamos estacionados desde 1994. Si acaso, esta vez nos sirve de atenuante, mas no de pretexto, el que, no obstante, llegamos de panzazo al Mundial, le dimos juego y perdimos con el subcampeón de Sudáfrica 2010, el mismo equipo que al comenzar el evento le pasó por encima al campeón España.

Independientemente de que no debo tomarme tan a pecho lo que sólo es un juego y que en última instancia, como dijo Jorge Valdano: “El futbol es lo más importante de lo menos importante”, habrá que reconocer que algo de embrujo tiene esta actividad cuando uno se entera que la final de la copa del mundo Sudáfrica 2010 fue vista por mil millones de televidentes de todas las naciones del planeta.

En su libro El futbol a sol y sombra, Eduardo Galeano dice que este deporte es “una misa pagana que tan distintos lenguajes es capaz de hablar y tan universales pasiones puede desatar (…) La pasión más compartida: muchos adoradores de la pelota juegan con ella en las canchas y en los potreros, y muchísimos más integran la teleplatea que asiste, comiéndose las uñas, al espectáculo brindado por veintidós señores en calzoncillos que persiguen la pelota y pateándola le demuestran su amor”.

PURIFICACIÓN

Cuando se estaban repartiendo las curules de la izquierda para el 2012, el recientemente fallecido Jorge Arvizu, El Tata, me platicó que por haber logrado una cercanía con López Obrador –su ídolo- y por su fama artística, Gerardo Fernández Noroña le preguntó si quería ser candidato a diputado. Jorge, que era entrón y que políticamente, a esas alturas, ya estaba muy radicalizado, dijo que sí. Fernández Noroña le dijo: vas a ir por el Distrito 22 de Iztapalapa. Jorge le respondió: Me parece absurdo que si quiero ser diputado tenga que ser candidato por un Distrito donde no vivo ni conozco. Eso es trampa. Una de las cosas que me animan a ser diputado es para tratar de acabar con las transas y las componendas en lo oscurito y lo primero que me ofrecen es hacer una farsa. No, eso no se vale. Yo quiero ser candidato por el distrito donde vivo. ¿En dónde vives?, le preguntó Fernández Noroña, que tenía la consigna de AMLO de hacer candidato a Arvizu. En Naucalpan, respondió El Tata… Estás jodido, Naucalpan es panista. Si quieres ganar te lanzamos por Iztapalapa. Jorge Arvizu, un hombre bien intencionado, honesto y de verdadera izquierda, dijo no. Allá tú, amenazó Fernández Noroña.

Jorge Isaac Arvizu Martínez fue candidato a diputado federal por el Distrito 22 de Naucalpan, donde perdió.

La candidatura del Distrito 22 de Iztapalapa, enclave comicial de la izquierda, fue ocupada por Purificación Carpinteyro Calderón, que vive en la colonia Lomas de Vistahermosa, en la delegación Cuajimalpa.