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Faltan menos de dos semanas para que se acabe este 2022 y todavía no hay claridad si el “ultra tecnócrata” Gerardo Esquivel será nominado nuevamente por el presidente Andrés Manuel López Obrador como integrante de la Junta de Gobierno del Banco de México o si bien habrá una nueva propuesta.

Es sabido que a este régimen no le gustan los organismos autónomos y que ha optado por inhabilitarlos a través de postergar los nombramientos.

A grado tal que la Suprema Corte obligó al Presidente a nominar a los consejeros faltantes de la Comisión Federal de Competencia Económica, que tantas veces ha intentado desaparecer.

De hecho, están pendientes decenas de nombramientos que debería ratificar el Congreso que, más que carga de trabajo, el congelamiento parece responder a una estrategia de parálisis deliberada del poder Ejecutivo a los organismos autónomos.

El Banco de México necesitará a Esquivel o a cualquier otro subgobernador en funciones a partir del 1 de enero para operar a cabalidad.

Lo que el propio Presidente ha hecho con Gerardo Esquivel, de mandarlo a competir una elección perdida en el Banco Interamericano de Desarrollo y tenerlo en ascuas sobre su futuro laboral hasta ésta, la cuarta posada de la temporada decembrina, es muy injusto para este economista que cada vez que vota una decisión de política monetaria deja ver cierto grado de alineación con los intereses de la Secretaría de Hacienda.

El aparente pecado de Gerardo Esquivel fue explicarle a López Obrador que los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional, transferibles a México, eran para promover la liquidez de la economía y no dinerito para la bolsa de la 4T.

Y con eso de que la máxima presidencial es que a él no le gusta que le vengan con eso de que la ley es la ley, puso como trapo a Esquivel, quien al ser una voz interna de la autollamada Cuarta Transformación desarmó cualquier intento de meterle mano a esos giros que no son dinero para gastar.

Si no hay la intención de dejar en una peligrosa indefinición a la Junta de Gobierno del Banco de México en cualquier momento tiene que pronunciarse el Presidente respecto a ese lugar vacante en el banco central.

El mismo López Obrador hizo saber que la suerte de Esquivel está en manos del secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O. Así que, si es ratificado, su postura más cercana a la de una autoridad fiscal que monetaria quedará más que explicada.

Pero si se designa a otra persona, más allá de saber si tiene las calificaciones necesarias para integrarse a un cuerpo de expertos como la Junta de Gobierno del Banxico, no implicaría una interrogante respecto al rumbo de las decisiones del banco central, porque los cuatro que se quedan claramente han mostrado su postura intransigente con la alta inflación.

La Junta de Gobierno del Banco de México está diseñada para funcionar con cinco integrantes, y aunque existe un voto de calidad en caso de que hubiera un eventual empate por la falta de uno, es totalmente innecesario poner en esa situación a una institución que hoy es indispensable que funcione perfectamente bien.