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Por todos lados han desmentido las afirmaciones de hace una semana del presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que Estados Unidos había desistido de, eventualmente, llevar a un panel de solución de controversias del T-MEC su diferendo con el gobierno mexicano por el trato discriminatorio que propina a las empresas estadounidenses.

Lo único claro hasta el momento es que el gobierno mexicano decidió cambiar todo su equipo negociador a la mitad del camino.

Katherine Tai, representante comercial del gobierno estadounidense, comunicó por escrito esta misma semana que Estados Unidos no renuncia a su derecho de resolver esto con los mecanismos previstos por el acuerdo comercial. Pero nada más.

Lo cierto es que las elecciones intermedias en Estados Unidos, tan cercanas ya, hacen que sea evidente que los demócratas no necesitan un frente abierto más ante la opinión pública que puedan aprovechar los republicanos para hacer campaña en ciertos sectores.

Este proceso electoral de medio término genera gran tensión entre los demócratas, que cargan con muchos negativos por la inflación y la situación económica, y ese temor lo podrían estar percibiendo en las trincheras de negociadores más radicales del lado mexicano.

Sería el colmo, pero ¿cabría la posibilidad de que entre las apuestas del gobierno mexicano esté esperar a que Joe Biden pierda la mayoría del Congreso y con ello crea la 4T que puede obtener alguna ventaja en su postura nacional-populista en materia energética?

De este régimen se puede esperar cualquier cosa, incluso que crean que si los republicanos les arrebatan la mayoría a los demócratas tienen una posibilidad de salirse con la suya en esa postura personalísima y anticuada del Presidente en materia energética.

El cálculo sería que los republicanos, entendidos hoy como sucursal del Make America Great Again de Donald Trump, tienen más obsesiones con los temas migratorios que con los comerciales. Y está probado que este régimen tiene menos problemas en servirle de patrulla fronteriza a Estados Unidos que en acatar lo que dice la propia constitución mexicana en materia energética.

Sería terrible que estuvieran esperando que un derrotado Joe Biden tuviera que ser menos apegado a los deseos de los sindicatos, moderarse y tirarse al centro ante el control republicano del Congreso, con todo y que las decisiones del T-MEC no pasen por una votación de la Cámara de Representantes o del Senado estadounidenses.

Ojalá que los negociadores mexicanos no tengan ese pensamiento y menos lo externen en alguna mesa porque la 4T ya se ha equivocado con el gobierno demócrata de Joe Biden y difícilmente le dejarían pasar otra pifia política de ese tamaño.

Solo un poco de lejanía y ley del hielo, pero realmente los demócratas de La Casa Blanca no le pasaron factura a López Obrador por su abierto respaldo a la candidatura del republicano Donald Trump en sus intentos de reelección como Presidente de Estados Unidos.

López Obrador no solo respaldó descaradamente a Trump y se fue a hacerle campaña a La Casa Blanca, sino que regateó el reconocimiento al triunfo de la dupla Biden-Harris. Así que, claramente, se siente muy respaldado por el partido de Trump.

No podría la 4T cometer un error así, ¿verdad?