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Estados Unidos sigue siendo esa enorme maquinaria económica, líder financiero mundial, que tiene la capacidad de reponerse de la peor recesión en más de 70 años en tan solo unos cuantos meses.

Una capacidad incomparable con naciones de menor desarrollo, sólo China puede presumir que tiene la posibilidad de revertir a esa velocidad un escenario adverso. Claro, Estados Unidos lo hace con el monopolio de su dólar y China lo hace con el monopolio estatal que limita las libertades.

México es una economía satélite de Estados Unidos. Era evidente que un derrumbe de la demanda interna en aquel país, como consecuencia de la recesión mundial por la pandemia de Covid-19, afectaría la proveeduría mexicana que destina 80% de sus exportaciones a ese mercado.

Los derrumbes durante el 2020 fueron históricos. El Producto Interno Bruto de Estados Unidos tuvo una contracción de 3.5% no vista desde 1946, primer año de la posguerra. Y el PIB mexicano tuvo una caída de 8.5%, algo no visto en más de 90 años.

Estados Unidos, con su poder económico, puso sobre la mesa estímulos fiscales extraordinarios que protegieron a sus ciudadanos del desempleo y la baja en los ingresos. Su política monetaria se volvió tan laxa que los consumidores no tenían mejor alternativa que gastar.

México, no tiene ese poder económico, pero tampoco tuvo la voluntad de hacer algo por su gente. Algo que sí hicieron otras economías de igual y de menor desarrollo.

Otros países, incluso centroamericanos, dieron a sus desempleados un ingreso mínimo vital para sobrevivir. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no.

Con todo, nos enteramos el viernes, el déficit presupuestario llegó a 2.9% del PIB durante el año pasado y con los requerimientos financieros del sector público se elevó a 3.8% del PIB. Manejables, pero elevados para un país que no invirtió un peso en la gente que no es clientela política de la 4T.

Dos años después del estallido de la peor crisis sanitaria y económica en un siglo lo que tenemos es a la economía estadounidense totalmente recuperada, con tasas de crecimiento históricas, y a la economía mexicana luchando por no regresar a un estado recesivo.

Supimos la semana pasada que el PIB estadounidense creció durante el 2021 5.7%, la mayor expansión en casi 40 años. Es un dato preliminar, pero apunta a que ese país tuvo éxito en lograr una rápida salida de la crisis.

Esta mañana el Inegi nos da cuenta del comportamiento del PIB durante el cuarto trimestre del año y con ello tenemos un primer acercamiento a lo que ocurrió con la economía durante todo el 2021.

Aun con el dato más positivo que pudiera revelar la estadística, vamos en camino a una recuperación lenta que nos llevará años para poder regresar a niveles del 2019 cuando ya estábamos en recesión.

Todos los países democráticos con economías abiertas presentaron caídas durante el 2021, independientemente de su tamaño. Lo que sigue es ver y comparar su capacidad de gestión para la recuperación.

Ahí se agota el discurso de culpar al SARS-CoV-2 de todos los males internos de los países. En México sabemos además que hasta la fecha responsabilizan de lo mal que se hacen las cosas al “pasado neoliberal”, pero ese es un discurso que ya solo creen los feligreses más irreflexivos de la 4T.

A dos años del estallido de la peor crisis sanitaria y económica en un siglo lo que tenemos es a la economía estadounidense totalmente recuperada, con tasas de crecimiento históricas, y a la economía mexicana luchando por no regresar a un estado recesivo.