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No es la primera vez que a un programa bien planeado y estructurado de la Convención Bancaria se le atraviesa la terca realidad con una última hora que cambia el tema de conversación. Desde una crisis hasta la venta de un banco.

Este año no fue la excepción, y menos cuando el tema central que domina tiene que ver precisamente con los bancos. No directamente con los bancos que operan en México, pero sí con las grietas que dejan ver algunas instituciones bancarias de Estados Unidos y Europa.

Más allá de hablar de la inclusión y hasta el nearshorig, este encuentro bancario que acaba hoy ha servido para que tanto la autoridad como el propio gremio bancario refuercen el discurso de la solidez regulatoria y estructural de la banca.

Se pueden dar por bien servidos si el resultado de la 86 Convención Bancaria es que quede un mensaje de tranquilidad respecto a la salud de estas instituciones financieras que operan en México.

La realidad es que este encuentro bancario aparece más como un evento de transición hacia la esperada 87 convención.

Porque ni la repetición de la mañanera, ni los aburridos discursos oficiales o la esperada conferencia magistral de Hillary Clinton de hoy se comparan con el ambiente que esperan generar los banqueros dentro de un año con la presencia de los candidatos presidenciales, cuando faltarán menos de tres meses de las elecciones del 2024.

En encuentros anteriores con los candidatos presidenciales se han dado señales interesantes entre este gremio financiero y los representantes de los partidos políticos. El aplausómetro era un gran indicador hasta que en la última participación, como candidato, de Andrés Manuel López Obrador, con todas las encuestas a su favor, fue a decirles a los banqueros que si él sentía que había fraude en las elecciones de aquel 2018, “a ver quién amarra al tigre”.

Ni las promesas vertidas por López Obrador en esa Convención Bancaria, ni en ningún otro foro, aguantan hoy el más mínimo análisis objetivo de cumplimiento. Pero sí soltó varios tigres que han alcanzado hasta lo electoral.

Independientemente del camino judicial que pueda tomar el llamado Plan B de la contrarreforma electoral, es un hecho que este régimen va por el control de los resultados y eso va a marcar el proceso electoral que inicia formalmente en septiembre de este año, aunque empezará tan pronto como cierren las urnas de las elecciones del Estado de México y Coahuila.

Con o sin reformas legales está claro que hay planes de una intervención gubernamental en las campañas. Eso va a enturbiar el ambiente político y cualquier participación de los eventuales candidatos en encuentros como la 87 Convención Bancaria del 2024.

Sin bola de cristal de por medio, pero el futuro económico, financiero, político y democrático de México va a ser tema central de todos los sectores productivos durante los tiempos electorales que vienen. Y, por tradición, uno de los encuentros más esperados entre los candidatos presidenciales será justamente la reunión anual de los banqueros.

Así que este encuentro de Mérida, con todo y el cambio en la conversación por la minicrisis bancaria, es la antesala del plato fuerte del próximo año.