Lo que menos necesita el Banco de México y su Junta de Gobierno es que desde fuentes oficiosas de la 4T le declaren una guerra mediática a los integrantes que no sean afines con las formas del régimen.

Son esa clase de ataques con el sello de la casa y son todo menos discretos. Sólo quedan exhibidos con sus bombardeos al subgobernador Jonathan Heath, quien además ha sido atinado en sus pronósticos.

Resulta curioso que a la par que le mandan mensajes con ataques al subgobernador Heath, Gerardo Esquivel, otro subgobernador, pueda libremente, como debe ser, dar una entrevista a la prensa española para quejarse de las decisiones de política monetaria del banco central en el que trabaja.

El Banco de México no tiene un mandato dual que lo obligue a procurar la conservación del poder de compra de la moneda y el impulso del pleno empleo. Que los pesos alcancen, a través de mantener a raya la inflación, es básicamente el único objetivo del Banxico.

Tanto Heath como Esquivel fueron propuestos por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador como integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México y ambos tienen el derecho de sostener sus puntos de vista sobre cómo conducir la política monetaria.

Sólo que parece que alguien en la cumbre del poder quisiera ver más alineamiento del Banxico con las metas económicas del gobierno y menos independencia e intransigencia con los altos niveles inflacionarios. No hay que cuidar a Jonathan Heath, hay que vigilar la autonomía del Banco de México.

Porque, además, Heath tuvo la razón frente a la posición que sostenía Esquivel.

Desde el verano del año pasado Esquivel ha votado sistemáticamente en contra de la mayoría de los integrantes de la Junta de Gobierno, con el argumento de que para finales del 2021 la inflación general ya había tocado techo.

Incluso, calificó de precipitadas las decisiones del Banco de México porque afectarían el crecimiento de la economía, algo que no es competencia del banco.

Jonathan Heath decía, por el contrario, que lo que un banquero central debía observar era la inflación subyacente, esa que en Estados Unidos le llaman el centro de la inflación, la que no refleja los incrementos de temporada o de coyuntura.

La novedad es que esa inflación subyacente lleva 15 meses consecutivos al alza y ya alcanzó el febrero pasado un nivel anual de 6.59 por ciento. Tenía razón.

Es evidente que lo que ocurre en el mundo no es culpa de la 4T, vamos saliendo de una pandemia que desordenó la economía global y una potencia nuclear invadió un país europeo. Hay problemas.

Hay banqueros centrales mexicanos que tienen claro el mandato único del instituto central y que harán todo lo que haga falta para contener el peor impuesto a la pobreza que hay, la inflación.

Hay otros que creen en una función dual, no legal, del Banco de México.

Tanto Jonathan Heath como Gerardo Esquivel son dos subgobernadores que gustan de visibilizar sus puntos de vista, se entiende que lo hacen a título personal, y tienen todo el derecho a esa libertad de expresión.

Así que lo mejor es que la 4T amarre a sus canes y dejen de atacar a quien piensa diferente, así sean empresarios, periodistas, políticos, ciudadanos o integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México.