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Si algo debe tener muy claro el gobierno entrante en nuestro país es que en unos cuantos días el panorama financiero internacional cambió por completo y que el margen de maniobra que podrían tener los mercados mexicanos para las ocurrencias legislativas se cerró totalmente.

Nadie que tome con seriedad los asuntos económicos le puso atención al “análisis” del presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador, sobre lo que ha ocurrido en estos días en los mercados.

Para acabar pronto, López Obrador opina que no le gusta la expresión de “Lunes Negro”, que él preferiría que se le llamara lunes blanco o de otro color. Ahí está.

Los funcionarios de la Secretaría de Hacienda, al menos su titular que se queda, deben tener muy claro que el movimiento de política monetaria del Banco Central de Japón y el cambio radical en las señales del crecimiento de Estados Unidos modificaron por completo las señales financieras.

México tiene relevo presidencial en 55 días, pero en menos de un mes habrá un cambio legislativo que abre una ventana de oportunidad al gobierno saliente de provocar una severa crisis de confianza prácticamente irreversible.

El consenso global es que las motivaciones de la contrarreforma al Poder Judicial son las equivocadas y que la señal autoritaria que México mandaría al mundo sería terminal para la confianza en este país.

México ya no es aquel de los dólares a 16.80 del día de la elección, hoy es una economía con un tipo de cambio presionado hasta niveles superiores a los 20 por dólar. La referencia al mercado cambiario es sólo un termómetro de la volatilidad y la aversión al riesgo generalizada que hay.

Las correcciones en los merados habrán de mantenerse por algún tiempo. Los inversionistas tendrán que acostumbrarse a un yen japonés fuerte y recomponer sus carteras de carry trade.

Habrá una corrección en el mundo de las acciones de las empresas vinculadas con la Inteligencia Artificial a la espera de que no reviente una burbuja como en los tiempos de las llamadas punto.com.

Y habrá que estar atentos a las medidas correctivas que pueda aplicar la Reserva Federal de Estados Unidos y un mea culpa que incentive una baja prematura y acelerada de las tasas de interés para contrarrestar una eventual recesión.

Ese va a ser el escenario financiero de las siguientes semanas y será el antecedente para llegar a septiembre con todo y su amenaza legislativa mexicana.

Es imposible que los funcionarios de la siguiente administración no tengan claridad de los riesgos que enfrentarían con no cambiarle ni una coma a muchas de las iniciativas constitucionales de López Obrador.

México carga un costo adicional en la precepción de riesgo en los mercados y eso tiene más peso al momento de liquidar posiciones y cuando se decida regresar a buscar oportunidades.

Nada de eso le importa al Presidente saliente que tiene la queja del color del “Lunes Negro” que vivimos ayer, pero sí debe ser prioritario para los que pretenden tener un gobierno estable durante los siguientes seis años.

El costo de los cambios constitucionales, como el pretendido al poder Judicial, es alto, la precepción autoritaria que deja ver no es compatible con la visión de un México globalizado que parece avalar la siguiente administración.