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A este gobierno le encanta voltear a la historia, menos a la historia económica de su propia administración, ahí sí nos piden voltear a otro lado.

No es sensato ni honesto negar que el panorama económico pinta hoy mucho mejor que lo que veíamos al final del verano del año pasado. Pero tampoco lo es asegurar que para principios del próximo año estaremos en la economía igual que antes.

Ni siquiera antes que la pandemia, porque no podemos perder de vista que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se estrenó con un año de recesión cuando todo el mundo crecía.

Cierto, hace un año el panorama que se pintaba para la economía era tan escalofriante como lo veían los analistas que consulta el Banco de México. En septiembre del año pasado anticipaban una caída del Producto Interno Bruto (PIB) para ese 2020 de 9.90% con apenas un rebote durante este año del 2.95 por ciento.

Al final, la economía sí se desplomó el año pasado 8.5%, pero de acuerdo con la más reciente encuesta comparable que aplica el banco central, la expectativa de los expertos es que el PIB crezca este año 6.18 por ciento.

Claro, también tenemos que ver que hace un año estimaban una inflación en este 2021 de 3.56% y ahora esperan el cierre del año con un incremento en el índice general de precios de 6.05 por ciento.

Pero así son las crisis de imponderables. La lección es que no hubo una destrucción de los motores de la economía, sólo una pausa derivada del confinamiento, al menos en algunos sectores económicos.

Y eso es lo que marca la diferencia en las posibilidades de una recuperación a los niveles previos a la crisis y previos a la 4T.

El primer componente ausente desde el inicio de este gobierno es el crecimiento de la inversión fija bruta. La parálisis está clara y eso se llama desconfianza.

Y después, están los dispares niveles de recuperación del mercado interno frente al dinamismo de aquellas actividades relacionadas con el mundo.

El dato más reciente del comportamiento de la economía es el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de julio pasado.

La buena noticia de este indicador es que no se confirmó el estancamiento que mostró el IGAE en junio pasado y ese aumento mensual de 0.5% parece confirmar que no se perdió el verano a pesar del repunte de contagios de la Covid-19.

Al indicador anual y su crecimiento de 7.7% no hay que hacerle mucho caso si lo que se quiere es tener un dato útil de estimación económica. Si lo que se desea es hacer propaganda, es el dato para usar.

Pero llama la atención que el sector terciario, donde están el comercio y los servicios, tuvo una recuperación mensual de apenas 0.3%, lo que antecede al reporte de muchas actividades comerciales que confirman una desaceleración de su recuperación durante este tercer trimestre del año que acaba este jueves.

Ya hay números confirmados de desaceleración de las tiendas de autoservicio y departamentales en agosto y adelantos de malas ventas para este septiembre de algunas de esas cadenas.

Sí es pues un mucho mejor panorama que hace un año, pero todavía lejos de poder convocar a una fiesta por la recuperación económica.

Recuperación dispar
Expansión

El IGAE registró en julio un aumento mensual de 0.5% que parece confirmar que no se perdió el verano a pesar del repunte de contagios de la Covid-19.

Debilidad

El sector terciario, donde están el comercio y los servicios, tuvo una recuperación mensual de apenas 0.3%, lo que antecede al reporte de muchas actividades comerciales que confirman una desaceleración.

Pocas ventas

Hay números confirmados de desaceleración de las tiendas de autoservicio y departamentales en agosto y adelantos de malas ventas para este septiembre de algunas de esas cadenas.