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Bajo el yugo presidencial, la forma que tiene Andrés Manuel López Obrador de demostrar quiénes son los funcionarios que le importan es placeándolos por la conferencia mañanera. Si no están ahí, simplemente son una segunda división de colaboradores.

Por eso, ahora que la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, fue humillada públicamente con aquello de las revisiones obligatorias a los automóviles y que surgió la duda razonable de si debería ésta política todavía seguir trabajando para López Obrador, pues se ganó el honor de aparecer en la mañanera y además desde Londres.

Clouthier vive en esa segunda división del Presidente y claramente no tiene ningún poder ejecutivo para negociar los puntos cruciales de un nuevo acuerdo comercial, como el que ahora se plantea con el Reino Unido.

Tatiana Clouthier obtuvo el permiso presidencial para viajar a Londres y para reunirse con su contraparte británica, Anne-Marie Trevelyan. Llevó el mensaje del deseo de iniciar la negociación de un acuerdo que sustituya la relación bilateral que existía cuando el Reino Unido pertenecía a la Unión Europea.

Es un hecho que este gobierno híbrido de la 4T permite el libre comercio si éste no incluye los temas que están en la canasta nacionalista trasnochada del presidente López Obrador.

Lo que hay que seguir de cerca es quién será el designado presidencial para la negociación de los puntos finos con el Reino Unido. Difícilmente el Presidente querrá dar reflectores a la no corcholata Tatiana Clouthier.

Además, este gobierno inorgánico no funciona por cargos sino por encargos y López Obrador puede encargarle una negociación comercial prácticamente a quien sea, a quien tenga de moda en ese momento.

Tiene que ser una negociación seria con el decimosexto socio comercial de México, con quien nos une un Acuerdo de Continuidad Económica, que extendió por tres años las condiciones que se mantenían en los tiempos del Reino Unido en la Unión Europea. Pero ese acuerdo habrá de terminar.

Sólo hay algo que no debe perder de vista el régimen de López Obrador, más allá de quién será su negociador estrella. Los europeos no se conforman sólo con un libre comercio de aranceles cero en ciertas mercancías.

Los británicos, como los integrantes de la Unión Europea, sólo negocian con democracias que tengan bases institucionales sólidas, y exigen garantías y revisiones a los derechos humanos y la libertad de expresión de sus socios potenciales.

Un acuerdo con los europeos es también un pacto de respeto al Estado de derecho y no hay que descartar que ahora que ese continente busca desasociarse de Rusia, quieran incluir en sus pactos comerciales libertad para negociar combustibles.

Ojalá tengan en cuenta en la 4T que asociarse con los británicos en un nuevo acuerdo de libre comercio tiene cláusulas que podría no aceptar el estilo autocrático de gobernar de López Obrador. No vaya ser que cualquier día de estos se queje el Presidente en una mañanera de la actitud injerencista de los europeos.

Así que, por lo pronto, en vivo y a todo color en la mañanera, la recién desacreditada, Tatiana Clouthier ya adelantó el camino para que el 11 de julio inicie la primera ronda de negociaciones de un acuerdo comercial con el Reino Unido.