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Hay que ver que todo parte del cálculo fantástico de un crecimiento el próximo año de 3 por ciento.

No es la visión de un analista que se pase de optimista. De hecho, el promedio de las estimaciones de la encuesta del Banco de México está en una media de 0.97% de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2023.

Es la expectativa del gobierno federal con la que planea sus ingresos y sus gastos, lo que constituye un acto de enorme irresponsabilidad.

Aun así, el Paquete Económico ya contempla un déficit público que alcance 3.6% del PIB durante el 2023, un nivel que por supuesto nunca tuvieron ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto.

Y obligó a que le autorizaran un endeudamiento de 1.1 millones de millones de pesos para cubrir los niveles de gasto que ordenó el presidente López Obrador a su obediente mayoría.

Son niveles ya preocupantes de desequilibrio al que hay que agregarles la certeza de que su estimación de crecimiento de 3% va a fallar y con ello aumentan los problemas de estabilidad financiera del país.

Hasta ahí, México ya tiene un serio problema, pero para agravarlo viene la calidad del gasto público.

Podría ser el caso que unos muy arriesgados planeadores financieros decidan aumentar el endeudamiento a cambio de un presupuesto repleto de gasto productivo, en inversión de infraestructura, que revierta rápidamente los déficits.

Pero no, el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2023, que con los ojos cerrados aprueban los dóciles diputados del Presidente, es un paquete que refleja los caprichos presidenciales y que claramente tiene una inclinación electorera.

El castigo presupuestal a los estados, a la infraestructura carretera, a la salud y la educación, deja ver del otro lado el premio a los caprichos de López Obrador.

Le quitan 4,475 millones de pesos al Instituto Nacional Electoral, porque estorba a los planes de la 4T, pero asignan un subsidio de 2,600 millones de pesos al aeropuerto Felipe Ángeles que no usa ni López Obrador.

El peor de los descaros es la asignación de 143,000 millones de pesos al Tren Maya tan solo para el 2023, lo que implica la quinta parte de toda la inversión pública. Un capricho ecocida, sin proyecto ejecutivo y sin viabilidad financiera que tiene una proyección de costo de construcción de más de 420,000 millones de pesos.

Los programas de apoyo a la comercialización para los campesinos desaparecieron, hay menos dinero para comprar medicinas y para reconstruir escuelas. Pero hay una partida de 290,000 millones de pesos para incrementar ese programa clientelar de dar recursos a los adultos mayores, sin controles, ni estimaciones de la forma de gastar todo ese dinero.

Con esa misma opacidad, el resto de los programas asistencialistas de la 4T en los que ha quedado demostrado que los “servidores de la nación”, con sus chalecos guinda, canjean recursos en efectivo por obediencia electoral.

Ya no hay tapujos, con la misma intensidad con la que el Presidente va por el control del sistema electoral, con el mismo descaro con el que insulta en sus conferencias a los que piensan diferente, así su Paquete Económico es transparente en sus intenciones caprichosas y de fines electorales.

Los programas de apoyo a la comercialización para los campesinos desaparecieron y hay menos dinero para comprar medicinas y para reconstruir escuelas.