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La pregunta real es ¿Quién altera más los nervios de los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México, la Reserva Federal y su tono intransigente o el gobierno federal con su descarado gasto electoral propuesto para el 2024?

Desde que los índices inflacionarios empezaron a subir mucho más allá de las metas de los bancos centrales, Banxico tomó una actitud restrictiva que acompañó la burbuja de precios, a la espera de que fuera temporal, como decían algunos, o bien de largo alcance, como finalmente sucedió.

Es muy probable que, si el Banco de México hubiera acompañado sus decisiones de política monetaria restrictiva con un mensaje más fuerte, que sí se escuchara y que se creyera, el nivel de tasas de interés referente pudo haber sido menor a la tasa final actual de 11.25 por ciento.

Pero en estos tiempos de una voz prácticamente apagada del banco central mexicano, la carencia en la comunicación se ha cubierto con puntos base de la tasa de interés.

Pero estamos en esta coyuntura en la que, efectivamente, los índices inflacionarios van a la baja, pero hay otros factores que pueden elevar la presión futura sobre las decisiones que deba tomar la Junta de Gobierno.

Todavía está lejos de cantar victoria el Banxico, sobre todo con ese 5.78% de inflación subyacente hasta la primera quincena de este mes de septiembre, pero claramente la inflación general y la subyacente mantienen una trayectoria a la baja, más allá de los precios volátiles y su comportamiento esperado.

Mantener la tasa de interés en los niveles actuales por largo tiempo, como lo han hecho saber desde la Junta de Gobierno en sus comunicados de decisión de política monetaria, puede ser un estricto y efectivo acompañamiento de los índices inflacionarios hacia niveles más bajos y estables.

Pero afuera hay nerviosismo porque en Estados Unidos la Fed dejó ver cierta impaciencia con la lenta baja de la inflación en aquel país que se ve presionada por los incrementos en los precios del petróleo y sus derivados, en especial las gasolinas.

Un banco central estadounidense inquieto es un foco de alerta en los mercados que quisieran escuchar por parte del Banxico que, al menos, tienen un ojo puesto en la posibilidad de que vuelvan a subir las tasas de interés en aquel país y que acá se acusaría recibo.

Pero hay un factor interno que genera muchas preocupaciones con respecto al futuro de la economía, de la estabilidad financiera y también de la inflación y esa es la descarada estrategia gubernamental, propuesta en el Paquete Económico para el 2024, de gastar desaforadamente durante el primer semestre del año para comprar electores.

Además del riesgo financiero, hay implicaciones inflacionarias porque esa liquidez excesiva que se pretende provocar de manera artificial corre en contra de una política monetaria restrictiva que busca lo contrario.

Además, aumentar 10 veces el impuesto que le cobran a los ahorradores es una invitación a gastar en lugar de postergar el consumo, como pretende una política monetaria restrictiva.

Es un escenario de terror para México, que además de todas las presiones financieras por un presupuesto tan deficitario, tengamos que enfrentar la combinación de altas tasas de interés y altos niveles inflacionarios.