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Es un gran avance para este país que en la competencia presidencial haya como aspirantes algo más que un candidato que con muchas dificultades y con bajas calificaciones pudo acabar una carrera universitaria.

No hay duda de que hace falta mucho más que caer bien para conducir de forma asertiva un país del tamaño y la complejidad que tiene México.

Ahí están dos mujeres que han estudiado con mucho esfuerzo y que han ejercido sus profesiones, lo mismo en tecnologías de la información que en física, dos perfiles que, además, pueden dar un impulso al empoderamiento de las mujeres.

Pero, si algo van a necesitar cualquiera de las dos para poder gobernar este país es, primero, una enorme habilidad política para ocupar los espacios que dejará vacíos el autocrático y carismático líder actual y, después, necesitarán expertos financieros que recompongan eficientemente y con urgencia los estragos en las cuentas públicas.

El principal foco rojo de la economía mexicana es Petróleos Mexicanos. Su situación financiera es tan delicada que fácilmente puede arrastrar al resto de la economía mexicana a una crisis económica y en poco tiempo.

Y, también, hay que ubicar en el tablero ese foco amarillo que es para las finanzas públicas la Comisión Federal de Electricidad.

Pemex es considerado por el Bank of America como el principal riesgo fiscal para el gobierno mexicano en los años por venir y lo que este gobierno, que ya se va, se encargó de hacer fue interrumpir su proceso de saneamiento y cargarle a las cuentas nacionales el gran peligro financiero que hoy implica.

La producción petrolera de Pemex, lejos de aumentar como prometió el presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha derrumbado y hoy produce mucho menos que el sexenio pasado.

Esta, la petrolera más endeudada del mundo, lejos de buscar una solución a sus problemas financieros en un achicamiento, en una concentración en el negocio de extracción y en la exportación de petróleo, decidió recortar a la mitad sus ventas de petróleo al exterior.

Pemex carga ahora con una nueva refinería, que costó el triple de lo presupuestado, para surtir un mercado de gasolinas que va a la baja y que ahora sabemos que ambas candidatas quieren sustituir por energías limpias.

Por decreto presidencial, “la empresa de todos los mexicanos” ya no paga impuestos ni aprovechamientos del petróleo que extrae y sí, por el contrario, subsiste del dinero de nuestros impuestos y lo hace viviendo de un presupuesto que ya es en sí un riesgo financiero mayúsculo.

Petróleos Mexicanos es la empresa dirigida por un agrónomo que como virtudes tiene ser tabasqueño y amigo del Presidente y que le debe a sus proveedores 163,207 millones de pesos. Pemex vive del subsidio, muchos de sus proveedores no.

Dos ingenieras, una se convirtió en empresaria, la otra en doctora en energía, y cualquiera de las dos mujeres que llegue a gobernar este país tendrá que echar mano de una enrome escoba para barrer a todos los vividores del sector energético, para después buscar con verdaderos expertos en temas energéticos y fiscales la manera de hacer que el barco Pemex no se hunda en sus próximas amortizaciones de deuda y se lleve al fondo a toda la economía mexicana.