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Cuando los analistas anticipaban todo lo que podrían discutir los Presidentes de Estados Unidos y China durante su cumbre de ayer en San Francisco, California, enumeraban toda la larga lista de pendientes entre ambos gigantes.

Algunos expertos hacían pronósticos de una discusión sobre las guerras en curso, otros anticipaban un manotazo en la mesa del estadunidense por la invasión de fentanilo fabricado con precursores chinos. Otros más decían que todo tendría que ver con temas industriales y comerciales.

Pero el mejor adelanto de lo que habría de ser el encuentro de ayer entre Joe Biden, presidente estadounidense y Xi Jinping, presidente chino, lo dio el propio demócrata horas antes del encuentro: “Ser capaces de levantar el teléfono y hablar entre nosotros si hay una crisis, asegurarnos de que nuestras fuerzas armadas siguen en contacto”.

Tan simple pero tan determinante como eso y todo el resto de la agenda podrá llegar si, efectivamente, mejoran las relaciones bilaterales. Lo que sepamos será apenas una fracción de lo que se dijeron.

Este encuentro fue posible por la convocatoria esta semana en San Francisco a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) del cual México forma parte, porque este gran país, independientemente de las políticas seguidas este sexenio, es una nación de trascendencia internacional por su tamaño y sus relaciones exteriores.

Este gran país tiene a un presidente como López Obrador que le gusta más no salir de Palacio Nacional y estar siempre en ambientes controlados. No va a las cumbres o a visitar a los damnificados de Acapulco porque abandonar su zona de confort lo enfrenta a la realidad de que no todo el mundo lo adula.

López Obrador ya había, como siempre, rechazado la posibilidad de estar ahí en la importante cumbre de la APEC, pero digamos que el Presidente de Estados Unidos lo convenció con alguna oferta que no pudo rechazar.

Y justamente el Presidente de éste nuestro gran país se reúne hoy con el mandatario chino, Xi Jinping, y mañana con el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden.

¿Qué poder esperar de ambos encuentros? En este caso es mucho más difícil poder predecir un resultado porque las dos potencias tienen temas muy específicos que tratar con el gobernante mexicano, pero López Obrador carga una agenda con sus temas particulares, los de su muy personal interés.

Para entender cómo López Obrador sólo representa a López Obrador, quería dejar fuera de la cumbre de la APEC a este gran país sólo para no tener que encontrarse con la presidenta de Perú, Dina Boluarte.

Con esa representación que hoy tiene México se pueden generar pocas expectativas de obtener buenos resultados para la agenda del país de las reuniones bilaterales y de toda la cumbre de la APEC.

Sabemos, por ejemplo, que en el encuentro con Biden, López Obrador lleva la gestoría del dictador de Cuba para abogar por el final de las sanciones económicas al régimen antidemocrático de la isla.

México, este gran país que hoy es un eslabón crucial en la relación Asia-Pacífico por el fenómeno de la relocalización de las cadenas de producción, el nearshoring, tiene una representación que por mucho no está a ese nivel de grandeza.