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En el mundo paralelo de los otros datos del presidente Andrés Manuel López Obrador vemos que la economía va requetebién, que ha sido un éxito la gestión de la pandemia por parte de Hugo López-Gatell, que se acabó la corrupción y que no es verdad que hoy México tenga casi 4 millones más de personas en la pobreza extrema.

Hay amplios sectores sociales que tienen total claridad de que ese mundo de los “otros datos” es falso, que las evidencias muestran que la economía tiene una recuperación dispar, que el manejo de la epidemia del Covid-19 en México tiene tintes criminales y que las evidencias de corrupción en este gobierno son contundentes.

Quien tiene la facilidad de leer los datos del informe de Medición de Pobreza 2020 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) puede ver que, efectivamente, hoy más mexicanos están en una condición económica muy compleja.

Hay otra parte de la población que puede creer, casi como un acto de fe, lo que dice el Presidente y su gobierno. Si dicen que vamos requetebién, así lo afirmarán y si hay que responsabilizar a alguien más de los estragos causados por la 4T, así lo van a repetir.

Así, al pasado neoliberal le pueden sumar, sin chistar, los 50 millones de pobres previos al actual gobierno y los nuevos pobres extremos serán culpa exclusivamente de la pandemia.

Unos, argumentarán que la falta de programas de rescate para la gente en plena pandemia provocó que sobre todo en zonas turísticas aumentara de forma exponencial el número de personas con tantas carencias. Si tan solo se hubieran destinado recursos públicos para garantizar un ingreso mínimo vital, seguro que hoy habría menos de esos 3.8 millones de nuevos pobres extremos.

Del otro lado, la feligresía cuatroteísta argumentará que gracias a esa disciplina fiscal que tuvo el gobierno durante la peor parte de la pandemia, México hoy no ha sufrido una degradación crediticia por parte de las firmas calificadoras internacionales y no ha aumentado el endeudamiento público de forma importante. Sí, eso argumentarían. Porque hoy los defensores del pueblo tienen esos argumentos que dejarían pálido a cualquier tecnócrata.

La realidad es que tanto ese mundo paralelo de datos no corroborables de cada mañana, como los datos duros de los conteos, las estadísticas y las encuestas son, al final, un mundo de “otros datos” inútiles para millones de mexicanos.

Porque hay millones de personas que perdieron a familiares en la enfermedad y perdieron sus ingresos en la crisis y que llevan meses sin poder conseguir cada día lo elemental para sobrevivir.

Muchos que habían logrado escalar socialmente, han regresado a un estadio de pobreza donde han tenido que vender o empeñar sus pocos bienes para comer.

No son pocos los que tuvieron que vender la casa, el coche, para pagar los gastos de un familiar con Covid-19 o por haber perdido ese empleo que les permitía pagar los gastos de su vida de clase media.

Todos esos mexicanos que han sufrido por meses los efectos del empobrecimiento en carne propia no tienen interés ni en las estadísticas nuevas del Coneval ni en el mundo de los otros datos presidenciales.