Bien, pues hay que esperar un par de semanas más para ver en toda su magnitud el impacto que pueda tener la guerra en Ucrania en este precio y en otros energéticos que nos pasarán factura de un conflicto que económicamente no está tan lejano.

Pero esos precios de los energéticos no son los únicos que ahora tienen presiones importantes por este conflicto que involucra a las potencias. Desafortunadamente, México y el mundo llegan a esta nueva coyuntura de problemas globales en un momento de alta inflación.

El mismo día que estalló la guerra en esa parte de Europa, el Inegi nos da cuenta de una inflación general de 7.22%, lo que rompió una racha decreciente de este Índice Nacional de Precios al Consumidor.

Pero lo que más debe llamar la atención es el incremento anual de la inflación subyacente, esa que no se mueve por ciclos o coyunturas, que llegó a 6.52 por ciento.

Y así como atendemos al precio que alcanzan las gasolinas, muchos ya tomaron nota de lo que han subido las rentas, de lo que ya anuncian los colegios particulares que serán las colegiaturas vigentes a partir de septiembre, de lo que ahora cuesta un automóvil nuevo. O lo que ahora cuestan los tacos o las medicinas.

Esa alta inflación de los bienes y servicios que se supone son menos volátiles se alimentan, también, de las expectativas. Son precios que suben porque se incrementan las materias primas para su elaboración o prestación, pero también hay muchos que se curan en salud por la idea de que todo sube.

Claro que una guerra que provoca que en un día el petróleo suba 8% y que deprecia al peso en 3% en unas horas no es el mejor mensaje de tranquilidad para un país y para un planeta que lidia con esas presiones en los precios.

Sin poder tener ninguna claridad del rumbo que puede tomar esta guerra, lo que queda claro es que los efectos económicos son inevitables, tanto como ya vimos un primer impacto financiero que pasa factura al mundo entero.

De entrada, los países occidentales responden con amplias sanciones económicas a Rusia que afectan el incipiente crecimiento mundial. Rusia, con sus acciones militares, afecta el precio de muchas materias primas.

Por supuesto sube el precio del petróleo, sus derivados como las gasolinas, del gas natural, pero también hay presiones en los precios del gas neón, de amplia producción ucraniana y que es materia prima en la industria electrónica.

Los bancos centrales tendrán que reforzar sus discursos y sus acciones restrictivas en sus políticas monetarias, pero con el efecto limitado que tiene una decisión financiera en medio de un ambiente de guerra.

Es importante que, sin restarle importancia a un conflicto bélico de esta envergadura se dimensione que tiene, por ahora, un carácter regional, por aquellos de los incrementos preventivos de precios.

Eso sí, sería bueno un uso racional de los energéticos como una medida de control de daños en nuestras finanzas personales.