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Los titulares hablan de ocho meses consecutivos de baja en la inflación anual de Estados Unidos. Es una buena noticia, pero como en todo, vale la pena ver los detalles para saber si realmente ya pueden cantar victoria.

Claro que 6% anual registrado hasta febrero pasado del Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos es menor que 6.4% que se registró en enero pasado y mucho menor que 9.1% de junio del 2022.

Sin embargo, es un nivel tres veces superior a lo que tradicionalmente suele ser la meta de inflación de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

También, siempre es bueno quitar de estas mediciones los precios volátiles, como la energía, y tomar en cuenta la inflación subyacente que es más útil para las proyecciones.

En Estados Unidos el índice de inflación subyacente (Core Inflation Rate) se ubicó en 5.5% en términos anuales en febrero pasado, debajo de 5.6% del mes previo. Menos alta que la inflación general y con una baja en la medición anualizada. Pero también tiene sus detalles.

Entonces, la inflación general bajó por octavo mes consecutivo, pero se ha ralentizado la desaceleración mensual de los precios.

Esto podría mostrar algunas resistencias a mantener esa desaceleración.

Otro negrito en el arroz tiene que ver con la inflación subyacente que, de hecho, aceleró su incremento en febrero, con una tasa mensual de 0.5%, contra el registro de 0.4% de enero pasado. Y si en algún índice quisieran los banqueros centrales ver una baja más pronunciada es en esta inflación que está en el corazón de los precios.

Es un hecho que la inflación no está en los niveles que quiere el Comité de Mercado Abierto de la Fed, escuchamos a su presidente Jerome Powell afirmar ante el Congreso de su país que mantenían una actitud intolerante con los altos precios y que los datos del comportamiento económico les daban margen para preferir, por ahora, privilegiar la baja inflacionaria sobre el crecimiento económico.

Sin embargo, una vez más, el mundo financiero cambió en un suspiro.

“Esto no es el 2008” repitió hasta el cansancio la vocera de La Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, mientras apuntalaba el discurso de tranquilidad del presidente Joe Biden, tras la quiebra del Silicon Valley Bank y del Signature Bank.

Y, claro, nada que ver con esa enorme crisis financiera, pero la quiebra de dos bancos desatan temores que cambian el juego en los mercados financieros.

El mensaje es que sí hay consecuencias cuando la Fed emprende un camino tan agresivo de alza en las tasas de interés y que si bien por ahora los datos macroeconómicos del crecimiento podrían soportar la política hawkish del banco central, hay cabos sueltos que pueden arruinar ese ambiente de estabilidad que aparentemente acompañaba el combate a la inflación.

Los datos inflacionarios per sé daban pauta para mantener la política de alza en las tasas de interés, hasta de medio punto porcentual, si entendemos a las palabras de Powell, pero los efectos financieros vistos en ese par de bancos, con todo y el pánico provocado, podrían moderar o pausar los incrementos del costo del dinero y sin reproches para la Fed. Ya veremos.

Hay cabos sueltos que pueden arruinar ese ambiente de estabilidad que aparentemente acompañaba el combate a la inflación en Estados Unidos.