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Más que presumir la tasa preliminar de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que dio a conocer el Inegi, de 3.6% a tasa anual hasta el segundo trimestre, el presidente Andrés Manuel López Obrador debería ofrecer una disculpa a los agentes económicos por los lastres gubernamentales que impiden mejores resultados.

Es un hecho que el gasto público está muy lejos de ser un factor que impulse el crecimiento. Ninguno de los proyectos de infraestructura del régimen tiene una contribución positiva. Todos requieren enormes transferencias fiscales.

Las empresas del Estado regresaron de facto al esquema de paraestatales altamente subsidiadas y el gasto asistencialista fomenta el mercado informal y la ausencia de mano de obra no procura la inversión social productiva. Pero va más allá del ejercicio del gasto público.

Después de tres años del inicio de la pandemia, finalmente la economía mexicana se recuperó de la crisis por la parálisis derivada de la Covid-19 y para este año se espera que el PIB pueda volver a crecer como no lo había hecho desde el 2018.

En la encuesta mensual entre expertos que elabora el Banco de México, la expectativa es que el PIB crezca este año 2.5% y en el 2024 se desacelere a 1.5 por ciento.

Tras una alta inflación persistente, gracias a la política monetaria restrictiva del autónomo banco central, hoy para nuestro país la expectativa de inflación general está en 4.6% al cierre de este año y de 4.13% para finalizar el 2024. Sí, es todavía alta.

Pero hay algo que ven estos analistas, y que de hecho vemos todos, que impide que México pueda aspirar a mejores condiciones de crecimiento, de empleo, de inversión, de calidad de vida, y eso es la terrible condición de la gobernanza.

La gobernanza, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, es el ejercicio de la autoridad política, económica y administrativa. Pero también son indicadores de gobernabilidad, como los que se consideran en encuestas como la que elabora el Banco de México.

En la más reciente, Banxico pregunta a 36 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero, cuáles son los factores que podrían obstaculizar el crecimiento de la actividad económica en México.

Y no, no son los problemas que vienen del exterior, esos representan apenas 9% de todas las respuestas. 91% de los obstáculos son internos y de ellos 57% tienen que ver con la gobernanza.

Ahí está el indicador de los problemas de inseguridad pública, que concentran 24% de todas las respuestas. La falta de Estado de derecho, la incertidumbre política interna, la corrupción y la impunidad representan el otro 33% de todas las respuestas posibles.

Todas esas funciones gubernamentales mal ejecutadas son las que obstaculizan la posibilidad de que podamos crecer más, al menos a los niveles a los que crecía la economía en sexenios pasados.

La obligación de mantener la salud de las finanzas públicas se mantiene y con buena calificación. La política monetaria del Banco de México pesa, pero baja su carga para el crecimiento futuro.

Pero la mala gobernanza es un ancla que no le permite despegar a este país.