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México, el cuarto país con más muertes a nivel mundial como consecuencia de la Covid-19, tiene un Presidente que no hace caso a las recomendaciones de la jefa de Gobierno de la ciudad en la que vive y no se resguarda cuando presenta síntomas que son compatibles con la variante Ómicron del SARS-CoV-2.

Ese “covidcito” como llamó Andrés Manuel López Obrador a esta variante Ómicron podrá ser menos grave, pero por la facilidad de contagio puede llevar a muchas más personas a enfermar con síntomas más graves. Eso merecería un mejor ejemplo y un tono más prudente de un jefe de Estado.

Y en lo que esperamos la reedición de las conferencias vespertinas del impresentable de Hugo López-Gatell, hay que estar preparados para otros catarritos que empiezan a dar síntomas.

Las presiones inflacionarias, que no fueron temporales, han provocado la modificación de las políticas monetarias en muchas partes del mundo.

El Banco de México se ha adelantado con incrementos en su tasa de referencia desde el verano y la tasa interbancaria hoy ya está en 5.50% desde 4% que tenía en mayo del año pasado.

Esta “medicina preventiva” puede tener otro impacto positivo ahora que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) tenga que iniciar un inevitable incremento en el costo del dólar.

El presidente de la Fed de St. Louis, Missouri, James Bullard, adelantó que tan pronto como marzo podría iniciar el proceso de alza en las tasas interbancarias en Estados Unidos y Goldman Sachs no descarta que pudieran darse hasta cuatro incrementos de un cuarto de punto durante este 2022.

Ese paso desde 0% de interés referencial hasta 1% en Estados Unidos para arrancar el 2023 sería un catarro para el desempeño económico, derivado del remedio más acelerado del banco central para contener la inflación.

Pero para el mundo emergente ese remedio de la Fed sería una neumonía cambiaria por el efecto de atracción desordenado de capitales que implica el encarecimiento del dólar y más si es acelerado.

México podría tener un colchón para ese primer impacto de la Fed con la política monetaria seguida hasta ahora, pero parece inevitable que el mundo emergente verá una enorme volatilidad en las cotizaciones de sus monedas por la salida de capitales rumbo al dólar.

Y seguro que ese “covidcito” cambiario no le gustará nada a López Obrador que ha hecho de la paridad peso-dólar un extraño indicador de éxito.

Siempre quedará el recurso de echarle la culpa a los eventos internacionales, como lo han hecho los neoliberales por décadas, pero quedará también la tentación de pretender defender al peso. Ya veremos.

Lo cierto es que no se puede descartar que la Fed tome una posición más agresiva y más pronto para contener las presiones inflacionarias en Estados Unidos y esto implique turbulencias financieras globales a lo largo de este año que apenas empieza.

Ese contagio parece inevitable. El contagio que sí se puede evitar es el de Ómicron si usted no sale de su casa si está ronco, si no se quita para nada el cubrebocas y si evita ir a trabajar como si nada.