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La realidad es que tanto Europa como Estados Unidos han perdido el interés en América Latina.

Y ahora que la Unión Europea voltea de nuevo hacia Latinoamérica se encuentra con la sorpresa de que se inunda de regímenes populistas más proclives a abrirle la puerta a chinos o rusos que a los países de occidente.

La Unión Europea acompaña sus acuerdos comerciales con cláusulas de respeto a la democracia, los derechos humanos o el medio ambiente. Mientras que los chinos no ponen trabas ni democráticas, ni de respeto a los derechos fundamentales o ecológicos, quizá por razones obvias.

Europa regresa a Latinoamérica con una bolsa de inversiones, con su proyecto Global Gateway, de 50,600 millones de dólares para los próximos cuatro años, cuando los chinos se estima que han invertido en la región algo así como 900,000 millones de dólares.

Para el sur del Continente Americano los europeos traen un dulce en este intento de reacercamiento, más allá de los miles de millones de euros que ya hicieron que les brillaran los ojos a presidentes como el brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.

Ese anzuelo irresistible es la oferta personal de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de negociar un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur para que entre en vigor en menos de siete años.

Una oferta muy atractiva que, efectivamente y al estilo europeo, viene acompañada de cláusulas democráticas. Una de las primeras condiciones es la clara condena de los países latinoamericanos a la invasión rusa a Ucrania.

En el caso del Mercosur, Bolivia, país que no condena esta barbarie rusa, no ha sido aceptado en ese mercado común y Venezuela está suspendido de ese pacto sudamericano. Pero el brasileño Lula, eje central del Mercosur, titubea con frecuencia en el tema. Pero seguro el brasileño sabrá calibrar bien los intereses para su país.

El acercamiento es con toda Latinoamérica y Von der Leyen ha viajado recientemente por el continente, estuvo en México, y ahora que la Unión Europea recibió a los líderes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) no dejó de mostrar su preocupación por el avance del populismo.

El llamado europeo es a no ser víctimas del canto de las sirenas, a proteger la democracia, a defender las instituciones, a aumentar la transparencia, la rendición de cuentas y a ofrecer plataformas políticas fiables para los ciudadanos.

Hay una insistencia de los europeos a los latinoamericanos de que la democracia debe garantizar la seguridad de los ciudadanos y que se tiene que reforzar la lucha en contra de la delincuencia organizada y la corrupción.

Es evidente que cuando los regímenes populistas escuchan estos principios básicos, hasta de sentido común para el bienestar de un país democrático, los rechazan.

Rusia no tiene nada que ofrecer a los países autoritarios del continente americano, nada más allá de una idea trasnochada de que siguen siendo los soviéticos del siglo XX que luchan contra el imperio yanqui. Parece mentira, pero hay quien lo cree.

Pero los chinos, esos sí tienen recursos para comprar lealtades en esta parte del mundo a la que ahora ya le quieren poner de nuevo atención los europeos.