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El gobierno de Estados Unidos lleva tres meses haciendo malabares fiscales para evitar un hecho que resultaría apocalíptico para los mercados financieros de todo el mundo: el incumplimiento de pagos de la economía más grande del mundo.

La crisis que está en gestación tiene que ver mucho más con un ambiente político complicado que con una mala situación económico-financiera en aquel país.

Claro, que Estados Unidos tenga un techo de endeudamiento de 31.4 billones de dólares (trillions, para entenderlo en la medición de allá) y que ya lo hayan rebasado no suena como algo muy sano. Pero bueno, hablamos de la economía que tiene el monopolio de la impresión del dólar y a la que todo el mundo corre a refugiarse cuando hay turbulencia.

El problema no está en el monto descomunal de la deuda sino en que el gobierno estadounidense ya no pueda pedir prestado más para hacer frente a sus compromisos, que lo mismo implica dejar de pagar pensiones, suspender servicios básicos sociales, o bien que incumpla con el servicio de sus compromisos financieros.

Fue el 19 de enero pasado cuando se alcanzó ese techo de endeudamiento y desde entonces el Departamento del Tesoro hace ajustes en sus gastos para cubrir esos faltantes que deja la imposibilidad de pedir prestado.

Pero este tiempo que ha ganado el Tesoro, a cargo de Janet Yellen, sólo abre una ventana de oportunidad que estaría por cerrarse en poco más de 40 días, los cálculos son que el 4 de junio se caería en incumplimiento de algunas de sus tantas obligaciones de gasto.

El costo financiero que implicaría una situación así es algo que es difícil de calcular, porque la reacción de los mercados sería de pánico con cargo a todos los agentes económicos, tengan o no bonos del Tesoro, acciones bursátiles o activos en los mercados financieros.

¿Qué es lo que hace falta para evitarle una catástrofe de esa magnitud al gobierno del demócrata Joe Biden?

Básicamente que la mayoría republicana de la Cámara de Representantes aporte los votos necesarios para modificar ese margen de endeudamiento. Sí, los mismos que encumbraron a Donald Trump quien se encargó de disparar el gasto de una forma descomunal, después de que el demócrata Barack Obama había logrado equilibrios fiscales.

Pero este tema es político y esa mayoría republicana se amaneció el martes con la noticia de la intención reeleccionista del presidente Biden.

Ahora que están claras las intenciones políticas de Biden difícilmente los republicanos darán marcha atrás a su estrategia de apoyar un incremento en el nivel de la deuda pública a cambio de un recorte en los programas emblemáticos de los demócratas.

Es más que evidente el nivel de polarización que ha alcanzado la política estadounidense, y ese ambiente más radicalizado también hay que apuntárselo a Trump, pero hay que ver cuáles son los alcances de los políticos de los dos partidos para estirar la liga financiera hasta una eventual ruptura.

Por lo pronto, conforme se acerque la fecha fatal se empezará a notar una mayor presión por parte de los mercados.