Nadie duda que mañana la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) dará a conocer que eleva la tasa de interés interbancaria de referencia.

Las apuestas van en torno al monto del incremento, están básicamente divididas entre 25 y 50 puntos base. Pero también cuenta el tono del comunicado y de la conferencia de prensa de Jerome Powell, presidente de la Fed.

El foco rojo para la economía mundial tiene que ver con las consecuencias de las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión a Ucrania el mes pasado. Sin dejar de lado la realidad de que el mundo ya había tenido un primer parteaguas histórico con la pandemia de Covid-19.

Si bien no es posible anticipar dónde termina el conflicto bélico, si los rusos se salen con la suya en el territorio ucraniano, si se retiran o bien si hay un accidente militar que involucre a la OTAN en una guerra, sí hay una realidad económica para Estados Unidos y es que el impacto lo resiente más en la inflación que en las expectativas de crecimiento económico.

No hay duda de que la peor parte la lleva Europa, que con su enorme dependencia energética de Rusia no tendría otro escenario que el de la estanflación. Pero Estados Unidos tiene mucho más margen de maniobra para preocuparse más por los efectos en los precios que en un decrecimiento de su Producto Interno Bruto.

Así, con los datos del empleo en una mano y con las evidentes presiones en los precios en la otra mano, la Fed debería seguir hoy un camino más estricto con el control de la inflación que con la procuración del crecimiento económico con las condiciones monetarias laxas que ha mantenido.

El banco central de Estados Unidos fue capaz de relajar en tiempo récord su política monetaria cuando la pandemia mostró el tamaño del boquete económico que dejaría el confinamiento.

La enorme maquinaria económica estadounidense mostró una capacidad de recuperación extraordinaria. Sin embargo, parte del costo de lograr ese acelerado paso de la recesión a la recuperación y después al crecimiento, fue el calentamiento de los precios.

No fue temporal la inflación como lo dijo el propio Jerome Powell cuando justificó la inacción de la Fed durante el cuarto trimestre del año pasado.

Hoy la inflación se presiona no sólo por la pandemia, también por la guerra derivada de la invasión rusa a Ucrania.

Con un índice general de precios en 7.9% está claro que hay enormes presiones en los precios de productos como los energéticos, tan determinantes en la economía de Estados Unidos. Pero la inflación subyacente estadounidense está en 6.40%, un nivel no visto en la core inflation desde 1982.

Ese es justo el traspaso que debe atender el Comité de Mercado Abierto de la Fed en la reunión que inició hoy y que concluye mañana con el anuncio de decisión de política monetaria.

Cuánto suba la tasa de interés es básico, pero la contundencia del comunicado y del discurso de Powell son la otra parte de la pinza que necesita cerrar la Fed ante el mercado para que le crean que contener la inflación es su prioridad.