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Faltan todavía más de 20 días antes de que tengamos un primer dato del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México y de Estados Unidos, pero las sospechas apuntan a que quizá no haya que esperar hasta el 2023 para hablar de recesión.

México es un caso aparte, aquí parece que hay una renuncia provocada desde el poder político a lograr una recuperación económica tras la crisis que arrancó en el 2019.

Pero en el caso de Estados Unidos estaríamos a tres semanas de confirmar dos datos negativos del PIB, lo que técnicamente podría denominarse recesión.

Durante los primeros tres meses de este 2022 la economía estadounidense tuvo una contracción de 0.4 por ciento. En ese país anualizan este resultado trimestral del PIB y entonces el resultado es una contracción de 1.6 por ciento.

Y hace unos días, la Reserva Federal de Atlanta proyectó una baja del PIB estadounidense durante el segundo trimestre de 1 por ciento. Otros analistas conservan la esperanza de un resultado trimestral ligeramente superior a cero entre abril y junio. Pero si se confirma el resultado negativo, técnicamente habría una recesión.

Ahora, esta baja no está acompañada por una caída en el empleo y si bien los niveles de consumo y de confianza del consumidor se han desacelerado, no han cruzado al lado negativo. Sin embargo, hay un fenómeno que hoy preocupa mucho más y es la inflación.

Si atendemos a lo que apuntan los mercados bursátiles desde hace ya varias semanas, parece el anticipo de una nueva crisis económica. El Standard & Poor’s 500 (S&P 500) tuvo una caída de más de 8% en junio y acumula un primer semestre con una baja de 21 por ciento.

Tan solo ayer los diferentes indicadores bursátiles estadounidenses, europeos y de paso los mexicanos, se apuntaban pérdidas de entre 2 y 3%, porque las evidencias apuntan a que, efectivamente, podría anunciarse un dato negativo del segundo trimestre del año.

a alta inflación en Estados Unidos, de 8.6% en mayo pasado en su índice general, medida en términos anuales, implica que no están disponibles los instrumentos monetarios que permitan una reactivación económica acelerada.

Al contrario, el mensaje de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que tiene el papel dual de procurar el poder de compra de la moneda y buscar el pleno empleo, es que hoy su prioridad es bajar los niveles inflacionarios.

Tampoco hay margen de estímulos fiscales que procuren una recuperación del crecimiento económico cuando la titular del Tesoro de ese país, la ex presidenta de la Fed, Janet Yellen, dice que la inflación es inaceptablemente alta.

En fin, que las caídas bursátiles de los últimos meses, y en especial de ayer, anticipan que este verano será de expectativas negativas. De esperar los datos que confirmen lo que anticipan los inversionistas, que la economía pudo haber registrado dos trimestres consecutivos con resultados negativos, en combinación con una tasa de inflación históricamente alta.

Esto hará que, tras la confirmación de los datos a finales de este mes de julio, empiece a repetirse con insistencia una palabra que aterrorizará mucho más a los mercados: estanflación.

Temor por crisis

Recesión

En tres semanas se confirmarán dos datos negativos del PIB, lo que técnicamente podría denominarse recesión.

Empleo se mantiene

La baja no está acompañada por una caída en el empleo y si bien los niveles de consumo y de confianza del consumidor se han desacelerado, no han cruzado al lado negativo.

Alta inflación

La alta inflación en Estados Unidos, de 8.6% en mayo pasado en su índice general, medida en términos anuales, implica que no están disponibles los instrumentos monetarios que permitan una reactivación económica acelerada.