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¿Qué podría pasar en México si el lunes 3 de junio del 2024 los resultados electorales del día anterior no son creíbles porque el Instituto Nacional Electoral no tuvo la capacidad económica de organizar una jornada de votación confiable como siempre lo ha hecho?

Esa es parte de la apuesta del llamado Plan B. Avalar o rechazar desde el poder presidencial el resultado ante las evidencias de que la autoridad electoral fue incapaz de dar certeza. Todo provocado, claro, desde ese mismo poder autocrático.

Es tanto lo que hoy se juega para el futuro democrático, político, económico, social, y en general para la viabilidad de este país, que todas las diferencias que hayan tenido los que respaldan la vida democrática de México tienen que verlo como un mal menor.

Fue este paso sin tapujos del régimen de López Obrador para hacerse del control de los órganos electorales, las elecciones y sus resultados, lo que debe mantener ese borrón y cuenta nueva tras la traición de Alejandro Moreno y otros legisladores que fueron cohesionados para romper el bloque opositor legislativo.

Todo ha sucedido muy rápido desde el momento en que López Obrador decidió ir por todo el poder, con el banderazo de salida de aquella marcha dominical.

A esa velocidad, el régimen intentó y fracasó en su plan de modificar la Constitución para conseguir ese poder electoral que anhela y está en pleno proceso de hacer lo que ya ha conseguido antes, que a través de modificar leyes secundarias se puedan saltar la Carta Magna para cumplir con los designios del Presidente.

Movimiento Ciudadano y otros grupos de izquierda, que por décadas han luchado por la democracia, deberían entender que aliarse con Va por México en la oposición al llamado Plan B, pero también en los procesos electorales que vienen, puede implicar una causa superior en este momento político de México.

Hoy mismo Ricardo Monreal, senador de Morena, va a definir su futuro político en el momento que deje pasar o detenga las correcciones a las pifias legislativas de los obedientes diputados presidenciales.

Es totalmente inédito lo que vemos ahora mismo en la vida política del país, no habíamos asistido antes en México a un intento autoritario tan claro como el que hoy está en marcha. Hasta el viejo PRI cuidaba las formas en su aplastante control.

La polarización, la división social y los intentos de hacerse de todo el poder a como dé lugar por parte de la 4T puede llevar a que la incompatibilidad de las plataformas electorales de los partidos quede en segundo término ante la causa común de defensa de la democracia.

La tensión política puede generar tensión financiera y deteriorar más la desconfianza en esta economía y seguramente se puede generar una reacción más radical del oficialismo que complique los meses y años por venir.

Pero en la medida que haya cabal comprensión del giro que dio el régimen en materia de respeto a las reglas democráticas puede haber una unidad opositora que forme un bloque más amplio y participativo con miras, primero, a defender el orden legal de este país.

Y después, si las ambiciones personales y de grupo lo permiten, atender las prioridades políticas del país ante las amenazas que ya no se esconden.

No habíamos asistido antes en México a un intento autoritario tan claro como el que hoy está en marcha.