En la administración de Andrés Manuel López Obrador podrían caber dos recesiones y una crisis inflacionaria. O bien, podríamos estar ante una sola y prolongada crisis que inició en el 2019 y que puede extenderse más allá del 2024.

La 4T inicio con una pequeña recesión de manufactura totalmente local. Esos malos números del 2019 no hay manera de adjudicárselos a nadie en el exterior.

Porque mientras el gobierno mexicano acababa con la confianza de los inversionistas y hacía del gasto público un lastre y no un instrumento de crecimiento, el resto del mundo gozaba de altas tasas de crecimiento.

La historia del 2020 con la pandemia de Covid-19 trajo al mundo una recesión que en México fue mucho más grave que en otros países de la región o de desarrollo similar. Las empresas y los trabajadores fueron dejados a su suerte sin ningún tipo de apoyo gubernamental, lo que condicionó para mal su futuro.

Estados Unidos, mientras tanto, tuvo una caída económica histórica que su gobierno supo revertir con uno de los planes fiscales y monetarios más agresivos de los últimos tiempos. El resultado fue una recuperación rápida y vigorosa pero también implicó sembrar la semilla de la alta inflación.

Muchas cosas se rompieron en el mundo con la pandemia y entre ellas cadenas de suministro que alimentaron esos precios más altos. La invasión rusa a Ucrania sólo agravó un escenario que ya estaba planteado de precios cada vez más altos y de difícil control.

Así, el panorama que tiene Estados Unidos es de haber enfrentado una gran recesión, una recuperación vigorosa, alta inflación y una posible siguiente recesión ligera a la vuelta de un año.

México nunca tuvo las bondades de una vigorosa recuperación, pero sí los efectos de una alta inflación global.

Aun sin que se cumpla el escenario de una ligera recesión en Estados Unidos hacia finales del 2023 y principios del 2024, que todavía está a debate en aquel país entre un posible aterrizaje suave de la política monetaria hasta huracanes categoría 5, como sea, la economía mexicana habrá de tardar el resto de este sexenio en recuperar apenas lo perdido desde finales del 2018.

El más reciente pronóstico del comportamiento del Producto Interno Bruto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coincide con la recién liberada estimación del Banco Mundial respecto a una expansión en México por debajo de 2% este y el próximo año.

Está claro que la expectativa de una nueva recesión en Estados Unidos pasa por la realidad de ser producto de la medicina restrictiva de la Reserva Federal para contener las presiones inflacionarias y que esta baja económica será moderada en comparación con el derrumbe del 2020.

México podría además pagar otras facturas de una política altamente restrictivas en Estados Unidos como una salida masiva de capitales de los mercados emergentes que afecten el tipo de cambio.

Y dólares caros, en combinación con altas tasas de interés internas y externas puede implicar un problema para las finanzas públicas que hoy se mantienen estables.

En fin, podríamos estar viviendo el sexenio que empezó y terminó con una crisis o peor aún, el gobierno que nunca salió de una mala condición económica de principio a fin.

La historia del 2020 con la pandemia de Covid-19 trajo al mundo una recesión que en México fue mucho más grave que en otros países de la región o de desarrollo similar.