Día importante y complicado en materia de inflación. Desde muy temprano el Inegi publica el Índice Nacional de Precios al Consumidor de la primera quincena de este mes de marzo y más tarde habremos de conocer la decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banco de México.

Aun antes de conocer los índices y subíndices de la inflación es posible adelantar que es en este lapso cuando ya se reflejan en los precios los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania, con esos importantes incrementos en los costos de los energéticos, no pocas materias primas mineras y en los alimentos.

Es un hecho que debe ser de espanto ese número inflacionario que combina las presiones previas en los precios y estas nuevas presiones derivadas de la invasión de las tropas de Vladimir Putin.

No solo se han incrementado estos precios, sino que también han sido aumentos ampliamente publicitados lo que poco ayuda en la contención de una predisposición a subir los precios de manera preventiva por parte de algunos agentes económicos.

El mercado no anticipa menos de medio punto porcentual de aumento en la tasa de interés de referencia del Banco de México, actualmente en 6 por ciento. La apuesta apunta a una decisión por mayoría entre los que piensen que debería ser mayor el incremento y el siempre predecible banquero solitario.

Lo que debería generar mucha atención son los argumentos de la Junta de Gobierno de Banxico para definir su estrategia antiinflacionaria. Mucha más atención que toda la publicidad a la inflación, que no hace sino provocar una profecía autocumplida de anticipar precios más altos y provocarlos.

Aquellas fotos virales de una estación de gasolina en la Ciudad de México con precios de los combustibles arriba de 30 pesos no eran ni la realidad generalizada del mercado y sí provocó que en uno de esos arranques populistas de control de daños a la imagen presidencial clausuraran la gasolinería por incumplir la promesa de López Obrador. Claro, clausurada con cualquier otro pretexto.

Lo mejor sería mantener temas tan complejos y técnicos como la formación de precios fuera del alcance de los que no lo entienden y más lejos todavía de los que no entienden, pero pueden tomar decisiones políticas contraproducentes.

Porque poco ayuda a la salud financiera del país disponer de cientos de miles de millones de pesos para subsidiar fiscalmente las gasolinas y conseguir un efecto temporal en los precios a cambio de complicar la salud macroeconómica del país y enfrentarse a peores consecuencias por, por ejemplo, una eventual pérdida del grado de inversión.

La presión en los precios es global, nada se puede hacer en el terreno local para controlar esos costos. Lo que sí debe hacer un gobierno es garantizar el abasto de esos productos, así tengan costos altos.

Hacer famosa a la inflación en la discusión pública y política, en especial en las mañaneras, puede acabar por alimentar al mismo monstruo que se quiere combatir.

Mayor ecuanimidad social y política en estos momentos de presiones inflacionarias ayudarían mucho al banco central a hacer su nada fácil trabajo desde su limitada trinchera de la política monetaria.