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Necesitamos controlar la inflación, dijo el Presidente en esa mañanera donde se le adelantó al Banco de México con el anuncio del incremento en la tasa de interés hasta 6.5 por ciento.

Claro que al presidente Andrés Manuel López Obrador le pueden importar los temas inflacionarios sin que eso sea una intromisión en los asuntos del Banxico. De hecho, el Ejecutivo tiene instrumentos, no muy buenos, como los subsidios a las gasolinas, para influir en ese control de los precios.

Y con esa postura, López Obrador deja ver que está en línea con la mayoría de los integrantes de la Junta de Gobierno del banco central que tienen una postura de halcones. Habrá que esperar a ver qué pasa cuando tenga una postura diferente.

Cuando cambie su postura, al Banxico le podría pasar lo mismo que hoy le pasa al INE que vive bajo el asedio presidencial o a la CNDH que calla como momia. Será entonces cuando veamos el nivel de autonomía del banco central.

López Obrador tiene un gabinete técnico en el área económica-financiera, pero él asume las decisiones, sobre todo en materia de gasto. Los expertos sólo se truenan los dedos para cuadrar los deseos presidenciales.

Claramente el jefe del Ejecutivo no domina los temas económicos, pero los expone sin pudor desde su óptica político-electoral.

No permite que su secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, pueda expresar libremente la condición real del estado que guardan las finanzas del país y sólo aparece para hacer declaraciones si el es ambiente cómodo, controlado, y donde pueda dejar el mensaje oficial sin preguntas difíciles.

Por lo que ese episodio de pisotear las tareas del Banco de México con el anticipo del anuncio del incremento en la tasa de interés interbancaria deja muy mal parado sólo al banco central.

Sin mayor empacho el Presidente dice que fue Ramírez de la O, quien le informó en una tarjeta el resultado confidencial de la reunión de política monetaria. Y sin más acepta que, efectivamente, eso viola la Ley del Banco de México.

El Presidente reconoce la violación a la Ley del Banco de México y acto seguido ataca a sus adversarios. Sabe que no pasa nada, absolutamente nada, con esa violación de su secretario a la confidencialidad de las reuniones de decisión de política monetaria del Banco de México.

Y eso traspasa todo el peso al propio banco central, que ahora está obligado a tomar medidas al respecto.

Lo primero que tienen que dejar claro es si está consensuado que se informe al Presidente el resultado de sus reuniones antes de hacer público el resultado. De ser así, quedará en evidencia que se hace mal uso de la información confidencial con el consentimiento del propio banco.

Y si, por el contrario, el titular de la Secretaria de Hacienda actuó motu proprio, tendrían que iniciar un proceso de expulsión del funcionario de la Junta de Gobierno, porque así lo dice su ley.

Como sea, el Presidente sí tiene interés en los temas inflacionarios, le gusta tener injerencia en todos los terrenos de la vida pública y no hay autonomía que se le atraviese para conseguir sus objetivos.