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¡Qué bien le cayó al presidente Andrés Manuel López Obrador la mejora en la perspectiva de la calificación crediticia de la deuda mexicana por parte de Standard and Poor’s (S&P)!

El hecho de que esta firma financiera quitara a México de la orilla del precipicio hacia la degradación de las calificaciones de papel basura fue visto en Palacio Nacional mejor que el triunfo de Checo Pérez en el Gran Premio de Mónaco.

¡Qué bien le cayó al presidente Andrés Manuel López Obrador la mejora en la perspectiva de la calificación crediticia de la deuda mexicana por parte de Standard and Poor’s (S&P)!

El hecho de que esta firma financiera quitara a México de la orilla del precipicio hacia la degradación de las calificaciones de papel basura fue visto en Palacio Nacional mejor que el triunfo de Checo Pérez en el Gran Premio de Mónaco.

Es posible que en algún momento tuvieran en la 4T el cálculo que México perdería el grado de inversión como consecuencia de las políticas públicas actuales y entendían la debacle financiera que eso implicaría para nuestro país.

En automático, con la mejora en la perspectiva de Negativa a Estable dentro del último escalón de los grados de inversión, tanto S&P como el resto de las firmas calificadoras dejaron de ser hipócritas y cómplices del saqueo para convertirse en fieles testigos de que México tiene finanzas públicas estables.

Sí es una gran noticia para el país que a pesar del estancamiento económico y de la carga que implica la política energética actual hay la expectativa de estabilidad macroeconómica durante los próximos meses.

Qué bueno que entre las obsesiones presidenciales esté mantener las finanzas públicas sanas, la estabilidad de la deuda con respecto al Producto Interno Bruto y un buen panorama macroeconómico. S&P hace un reconocimiento de ello.

Tiene algo más que resulta muy positivo y es que impulsa a la 4T a mantenerse en ese camino de estabilidad el resto de esta administración.

Ya será problema del siguiente gobierno, sea del color que sea, corregir los problemas estructurales que ahora se crean en la economía como cuellos de botella que impiden el crecimiento, pero por lo pronto las “cautelosas” medidas fiscales y monetarias que vio S&P para su mejora deberán mantenerse.

La reacción de López Obrador fue de un neoliberalismo exquisito: “Hubo una calificación favorable para México porque se considera que se tienen finanzas sanas y nos permite estar bien posicionados en el mundo financiero”. A más de un tecnócrata se le salió una lagrimita.

Ahora, S&P no se entrega por completo en los brazos de la 4T con un regalo incondicional a la buena imagen del régimen. Ahí está con claridad el apunte del desafío fiscal que implica tanto Pemex como CFE y su rol crítico en las políticas energéticas.

Esto implica que la calificación tan festejada es también un reto de responsabilidad para los dos años, dos meses y tres semanas que le quedan, constitucionalmente, al gobierno de López Obrador.

La responsabilidad fiscal pasa por lo difícil que será para este gobierno mantener el ritmo del gasto público con bajas tasas de crecimiento y recaudación. Tiene que ver los costos financieros que impliquen Pemex y CFE y cómo se administren los programas asistencialistas en la cercanía de los tiempos electorales.

S&P hace referencia al adecuado manejo monetario que es facultad exclusiva del Banco de México. Así que también ahí el régimen tiene que andarse con pies de plomo, sin meter las manos en las medidas de combate a la inflación, para que su tan festejada perspectiva Estable se mantenga sin alternaciones.