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Un año, un mes y una quincena le quedan de plazo constitucional a la administración de Andrés Manuel López Obrador, el tiempo que pueda durar su régimen dependerá del resultado electoral, pero en este lapso antes de las elecciones y el relevo presidencial hay muchas fechas clave para la economía y las finanzas nacionales.

Algo que será determinante del año económico-financiero mexicano durante el 2024 será el contenido del paquete económico que se habrá de presentar al Congreso dentro de apenas tres semanas.

Es un hecho que, en el gobierno que vive más del efectismo que de sus resultados se buscará a como dé lugar que la economía refleje un dinamismo que no necesariamente puede tener.

Especialmente el empuje presupuestal que habrán de dar a los programas asistencialistas será muy notorio en lo que plantee el Presupuesto de Egresos de la Federación. Sobre todo ante el evidente fracaso de los proyectos de infraestructura.

La propaganda se encargará de hacer lucir la refinería de Dos Bocas Tabasco, aunque no refine, el desértico aeropuerto Felipe Ángeles, el devastador e interminable Tren Maya y algunas imágenes de algún hospital que esté en no tan malas condiciones para jurar que ya tenemos servicios de salud mejor que en Dinamarca.

Las partidas presupuestales para esas obras también habrán de ser espectaculares en el último paquete económico del sexenio.

La canalización del gasto para los fines electorales habrán de dejar nuevos boquetes en otras partidas presupuestales que ya sufren el austericidio. Pero es probable que haya muy desagradables sorpresas en el recorte al gasto, por ejemplo, del poder Judicial.

Y lo que no alcance con la redistribución del gasto, vendrá con un incremento de la deuda pública.

Claro, primero habrá la apariencia de equilibrios con cálculos de crecimientos extraordinarios, del Producto Interno Bruto por arriba del 3.5%, y de la recaudación, en sintonía con ese súper crecimiento imaginario.

Éste que llega en poco más de 20 días será el último paquete económico de Andrés Manuel López Obrador como presidente, así marca los tiempos la Constitución.

Serán los criterios económicos, Ley de Ingresos, miscelánea fiscal y Presupuesto de Egresos más trascendentales de los seis años de López Obrador porque deberán cubrir una parte de la falta de carisma de su corcholata favorita para ganar por sus propios medios la presidencia.

Otro apoyo vendrá de la descarada campaña electoral que ilegalmente hará el propio López Obrador. Pero el gasto será básico para comprar voluntades.

El problema es que, además del gasto electoral, ese paquete económico tendrá que cargar el fracaso en las gestiones financieras de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad y esa es una presión que hará voltear a más de uno desde el exterior hacia las condiciones financieras del país al cierre del sexenio.

En estos 411 días que le quedan a López Obrador como presidente, con un paquete económico pendiente, con un proceso electoral a punto de empezar y con un relevo del poder que puede complicarse si el presidente no obtiene el resultado que quiere, todavía hay tiempo para que México pueda enfrentar una degradación crediticia.

El cambio que implicaría para las condiciones económicas del país el hecho de perder el grado de inversión es algo que, de verdad, no imaginamos.