Con Cuba, Sheinbaum tiene la oportunidad histórica de culminar el propósito original de las buenas relaciones de México con la dictadura cubana desde 1962: ser la bisagra en las negociaciones de un cambio de gobierno en la isla
Detrás de la pirotecnia del lenguaje de Trump sobre México, se sintetizan dos realidades: la 4T debe detener las entregas de petróleo a Cuba, y ejercer más voluntad para combatir y derrotar a los cárteles de la droga.
Con Cuba, Sheinbaum tiene la oportunidad histórica de culminar el propósito original de las buenas relaciones de México con la dictadura cubana desde 1962: ser la bisagra en las negociaciones de un cambio de gobierno en la isla.
Al igual que muchas veces con Maduro antes de capturarlo, Trump ya empezó a advertir que Cuba debe alcanzar un acuerdo con EU “sin que sea demasiado tarde, pues ya no recibe petróleo ni dinero venezolano”.
México perdió en los noventa la batuta que tuvo en las negociaciones de EU y Cuba desde 1962 cuando, a sugerencia de Brasil, hubo un pacto secreto entre Los Pinos y la Casa Blanca para mantener un canal con La Habana.
Hasta 2018, la relación de México con Cuba fue un juego geopolítico eficaz en su función de gozne: así consiguió la paz y la democratización en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, y resolvió la crisis de los Balseros en Cuba, en 1994.
Desde aquella posición de bisagra, ayudó a que la isla y Washington la llevaran lo mejor posible, durante los periodos de casi todos los mandatarios estadounidenses, desde Kennedy hasta Obama, pasando por Reagan, Bush y Clinton.
Hoy, México ya no es quien resuelve problemas entre EU y Cuba, sino que es quien los alimenta, al enviar petróleo a la isla. Pero el petróleo fue siempre el único veto de Washington a México en la relación con Cuba.
A Sheinbaum parece interesarle más aumentar el lío que ayudar a resolverlo: ayer dijo que “al pueblo de México no le preocupa mucho que enviamos petróleo a Cuba; es una ayuda que se viene dando hace tiempo”. Y esto sólo empeora las cosas.
Con el tema de la voluntad para combatir y derrotar a los cárteles de la droga, a la presidenta parece bastarle con presentar estadísticas que demuestran descensos en la entrada de droga a EU, y mayor captura de operadores de cárteles, pero pequeños.
En la acusación contra Maduro, México aparece 25 veces en operaciones registradas desde 2006, pero más notorias desde 2018, cuando empezó a gobernar Morena, y Maduro y Segalmex armaron una red de contrabando y reventas en todo el mundo.
Y en 2025 estalló, con el contrabando de combustible, el más escandaloso caso de corrupción y organización criminal de la historia en México, embarrando a los más altos niveles, Marina, aduanas, puertos, transportes, fronteras y empresas.
Pero la exigencia de Trump es ya no más peces chicos. Lo que quiere es que México entregue narcopolíticos.
Ahí vamos.
