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Por desagradables que sean, las fotografías de una víctima ilustran la narración periodística en publicaciones dirigidas a públicos que gustan de la nota roja. Repugnantes o “de mal gusto” aportan información, tarea que explica y justifica la existencia de periódicos en todo el mundo.

En muchos impresos, los hechos de sangre constituyen su exclusivo giro editorial, en tanto que otros los incluyen entre sus diversas secciones temáticas.La consustancial subjetividad del oficio periodístico permite ciertas regulaciones en los medios concesionados (radio y televisión ocupan el espacio electrónico de la nación), cosa que no aplica para los impresos y éstos determinan con absoluta libertad el tratamiento de los asuntos que suponen de interés colectivo.

Alarma, el emblemático tabloide de nota roja, explotó como nadie el memorable caso de Las poquianchis y solía llevar a plana completa en su portada lo mismo el cadáver de un Calcinado en vida! que una Cabeza putrefacta!, o tres de éstas desmembradas bajo el titular Tricéfalo!; la de una Bailarina torturada, violada y ahorcada!, y la de un asesino que a su víctima Matóla. descuartizóla y frióla!

Fotografías de muertos y muertas en la Revolución y la Cristiada se publicaron en su tiempo y aparecen en los libros del Archivo Casasola. En Estados Unidos los periódicos reproducían las de gángsteres y policías desfigurados por las balas y empapados en sangre.En los 20 años recientes se ha estado difundiendo fotos y videos de personas arrojándose de las Torres Gemelas, el asesinato “legal” de Sadam Hussein (con la cabeza semidesmembrada por la soga con que fue ahorcado), imágenes de cuerpos reventados por bombas terroristas o, aquí en México, de soldados, policías y malandros descuartizados o colgados.Sin embargo, lo socialmente aceptable es que se pueda retratar con palabras los más abominables crímenes con datos precisos de quién, cómo y cuántas puñaladas recibió la víctima; si fue con cuchillo cebollero, hacha o sierra eléctrica que se le despedazó, pero lo que el público lee, vaya paradoja, ¿no lo puede ver?Todo esto porque me estremece lo furioso del ataque a La Prensa (casi centenario periódico que dice lo que otros callan, el más popular de la capital del país), que publica nota roja pero también todo tipo de informaciones y reprodujo fotografías del cadáver desollado de la joven Ingrid.Comparto la indignación familiar por esa decisión editorial pero discrepo de la furiosa y vandálica manifestación del viernes ante su edificio y el ataque a la escuela de periodismo Carlos Septién (las camionetas destruidas, por cierto, no pertenecen al diario sino a la Unión de Voceadores).La cargaron contra el mensajero, pero esas fotos únicamente pudieron tomarlas y filtrarlas policías, peritos o agentes del MP.Celebro el sensato llamado de la tía de Ingrid para que las protestas y demandas que sigan contra y ante quien sea se realicen sin caer en la nota roja de la violencia.