Al final, sin López Obrador y su fobia a las reuniones de primer nivel, México firmó todos los documentos que Estados Unidos puso frente a los asistentes a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles.

Claro que el canciller Marcelo Ebrard fue a repetir palabra por palabra el discurso de su jefe, pero al final sacó la pluma y sumó a México a La Declaración de Los Ángeles.

Y qué bueno que así fue, que más allá de un posicionamiento dogmático lopezobradorista, México mantiene el sentido común de no distanciase en el fondo de la agenda de Washington, por más que en la forma la 4T aproveche la ocasión para hacer estridencia a favor de los gobiernos impresentables de la región.

La Declaración de Los Ángeles básicamente se enfoca en temas migratorios y México se comprometió no sólo a aumentar el número de permisos laborales para migrantes sino a garantizar hasta 20,000 puestos de trabajo al año para guatemaltecos y aumentar la regularización migratoria de otros 20,000 trabajadores que se quieran quedar en México y no irse a Estados Unidos.

El gobierno de Joe Biden no necesita hacer mucho cabildeo con México para restar espacios a la creciente influencia China en el continente, porque ahí están las cláusulas del T-MEC para ello. Pero sí que necesita que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ponga las pilas en materia de cambio climático.

Y si López Obrador no va a la Cumbre, la élite política encargada del tema ambiental va a él.

Hoy mismo llega a México y directamente a Palacio Nacional, John Kerry enviado presidencial estadounidense para temas ambientales.

Y viene claramente a buscar acuerdos para que México se comprometa de manera más clara y extensa con las energías limpias y renovables.

Los principios de la propaganda marcan que se puede afirmar algo, aunque se haga exactamente lo contrario, ocurre todas las mañanas, y a pesar de que el presidente López Obrador jure que México es líder en las energías limpias, la realidad es que la apuesta de su gobierno es por el carbón, el combustóleo y todo bajo el mayor control monopólico estatal posible.

Es posible que Kerry le traiga al presidente López Obrador las fotografías satelitales que demuestran que Pemex dejó escapar miles de toneladas de gas metano de sus plataformas en el Golfo de México, en diciembre pasado.

Podría tomarse el tiempo de explicarle los efectos devastadores de ese gas en el calentamiento global y seguro que podría ser pie para hablar más seriamente de lo que México tiene que hacer para comprometerse con el planeta.

El gobierno mexicano tendrá también sus cumbres habituales con el embajador Ken Salazar, quien seguirá haciendo surco en ese camino tan recorrido hacia Palacio Nacional a donde acude constantemente lo mismo solo que con empresarios que defienden sus legítimos intereses.

Y como cereza del pastel, López Obrador estará en La Casa Blanca frente al presidente Joe Biden el próximo mes hablando de la larga lista de temas bilaterales que no se pueden interrumpir por desplantes dogmáticos, como no ir a la Cumbre de la semana pasada.

A pesar de que el presidente López Obrador jure que México es líder en las energías limpias, la realidad es que la apuesta de este gobierno es por el carbón.