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La semana pasada me referí en este espacio a la crisis histórica que atraviesan los partidos. La mayoría de los mexicanos no les tiene confianza y considera que estaríamos mejor sin ellos.

Así inician el proceso electoral. Según las encuestas, las preferencias de voto a nivel federal favorecen a Morena, con niveles que se sitúan alrededor de 20 por ciento.

A pesar de que Morena ha perdido en el año casi 15 puntos porcentuales, todavía duplica las intenciones de voto del PAN y del PRI. Pero el dato que sobresale es que ya más de la mitad de los ciudadanos dice que no va a votar o que no sabe por quién lo hará. Y es que los electores que ha ido perdiendo Morena no se han alineado con otros partidos.

Por ello, la proporción de ciudadanos que en este momento no declara inclinación electoral es muy superior a 30 por ciento que, a estas alturas, registraban las encuestas en los procesos electorales de 2003, 2009 y 2015.

Esto evidencia la debilidad de los partidos de oposición. Su descrédito les ha impedido constituirse como alternativas, aun cuando Morena pierde fuerza. En estas condiciones, las personalidades probablemente tendrán mayor peso electoral que en el pasado. La figura del presidente López Obrador será central, seguramente más que las de Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto en sus respectivas elecciones de medio sexenio.

Ahora la polarización es mayor y está centrada en el Presidente de la República. La oposición intentará convertir la elección en un plebiscito sobre la gestión gubernamental y apostará por un saldo negativo.

Por su parte, el Presidente le recordará cotidianamente a la gente la corrupción del pasado. El problema para la oposición es la falta de una figura de peso o con la resonancia del Presidente. La imagen de los partidos y la falta de liderazgos a nivel nacional no dejan otra opción que construir a partir de lo local.

Como nunca, para la oposición será vital la selección de candidatos a gobiernos estatales y municipales que puedan atraerles el voto para diputados federales.

El conflicto al interior de Morena, que seguramente se agudizará en la designación de candidatos, les abre ese espacio. Lo que habrá que ver es si tienen la capacidad para ocuparlo.