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Drosofila Melanogaster. Así se llama un diminuto insecto que conocemos como la mosca de la fruta y debe su nombre a que se alimenta de las frutas en proceso de descomposición, particularmente manzanas. Pues este bicho ha sido objeto de los estudios de centenares de científicos en todo el mundo, desde 1914.

Debe su popularidad a que se parece tanto a nosotros que no puede engañarnos, diría el divo de Juárez.

Su anatomía tiene más de la mitad de los genes de las enfermedades que nos aquejan a nosotros los humanos. Especialmente los males neurológicos. Descifrar los mecanismos que en el cerebro manejan las neuronas es un gran paso hacia la cura de nuestros males como el síndrome de Down, la esquizofrenia o el temido Alzheimer, entre otros.

La revista Nature, en su número de octubre publica un trabajo firmado por 35 científicos de 13 países, integranates del Fly We Consortium. Se trata de investigadores en países que van de los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, a Puerto Rico, Taiwan y las Filipinas. Obviamente, México ni enterado.

Estos señores han logrado, después de años de trabajo compartido a larga distancia, reproducir el cerebro de una melanogaster, contar sus neuronas e identificarlas. A partir de 21 millones de imágenes tomadas de siete mil rebanadas del mínimo cerebro de una mosca, encontraron que hay ahí 139 mil 255 neuronas. Antes solamente se habían encontrado 108  neuronas en el cerebro de un ratón.

Lo más importante, tal vez, es que descifraron también el conectoma, 130 millones de sinápsis. Por definición, la sinápsis es la comunicación entre dos células. En este caso, el enlace eléctrico entre dos neuronas del cerebro; más aún, la mecánica de esa conexión, que en todo ser vivo, determina cada movimiento, gesto, sensación o aliento que comete. Incluyéndonos. No hacemos absolutamente nada, desde respirar o dejar de hacerlo, si no lo ordena el cerebro, por la comunicación entre las neuronas.Tres de cuatro enfermedades neuronales genéticas, como el síndrome de Down, podrán ser atendidas gracias a este avance.

Todos, en su momento, celebramos al doctor Salk y su vacuna que liberó a millones de niños en el mundo de la poliomelitis. Este descubrimiento, al volar de una mosca, es igual o aún más valioso para nuestra subsistencia.

Desde luego que pude haber escrito sobre las elecciones de los primos el Norte. Pero, con toda honestidad, me dio hueva.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (mientras son peras o son sámaras, fruto de agradable vista, pero vano, del mismo olmo): Lo único que tengo cierto de las elecciones en los Estados Unidos o en la Suprema Corte de la Nación en México, es que nadie sabe quién ganó. Y, que cualquiera el resultado, será cuestionado.

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