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Hay algo insoportable en el video que muestra a una joven mujer del Ejército, y a otra de la Policía Federal, torturando a una tercera para que denuncie el paradero de una cuarta, llamada María, a la que buscan

Puede ser misoginia al revés, pero para mí la condición de género, el hecho de que la mayoría en el video sean mujeres añade una dimensión atroz a esta cuidadosa y desalmada inquisición orientada a demoler a la víctima con una tortura sin límite de tiempo: paciente, fría, rutinaria, impersonal.

Lo primero que uno se pregunta viendo este video es dónde aprendieron esto la mujer soldado y la mujer policía.

Lo que hacen no es fruto de la ocurrencia, sino del método. Aprietan a la víctima, aflojan, la amenazan con lo que sigue si no habla, le ponen la punta de un arma larga en la cabeza, le preguntan si quiere de nuevo la bolsita de plástico con que la han asfixiado, o la agüita con que la han ahogado.

¿Dónde aprendieron esto?

El video ha removido en mí, absolutamente, el tema de la violación de derechos humanos por el Ejército, la Marina y la Policía Federal en estos años siniestros de la guerra contra el narco.

Es un tema del que hablamos en sordina, o abordamos los casos uno por uno cuando las violaciones aparecen con toda evidencia ante nuestros ojos, como en los casos del Ejército en Tlatlaya, la Policía Federal en Tanhuato, o la Marina en la ejecución de Beltrán Leyva.

Casuística aparte, la verdad es que hay evidencias de que la letalidad y la dureza de las Fuerzas Armadas y de la Policía Federal en su lucha contra el crimen han ido sistemáticamente más allá de lo permitido por sus propios protocolos de respeto a los derechos humanos.

Las altas cifras de letalidad hablan de ejecuciones más que de superioridad abrumadora en combate. Y los casos que hemos podido ver en detalle hablan de lo mismo:

Hay un continente sumergido de tortura y violación de derechos humanos en México que no ha salido a la luz. La guerra contra las drogas terminó siendo una guerra deshonrosa para las Fuerzas Armadas de México. Se contaminaron de lo que combatían.

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