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Será el próximo año cuando el tema llegue al Congreso; tendrá la desventaja de que coincidirá con las elecciones.

Dicen las reglas del Acuerdo de Asociación Transpacífico, al que mejor conocemos por su sigla en inglés como TPP, que si alguno de los firmantes no logra completar a tiempo sus procesos de aprobación interna, simplemente se le margina del que promete ser el pacto de libre comercio más grande del mundo.

Suena justo con los socios que hagan la tarea legislativa interna, pero la realidad es que si Estados Unidos no está en este acuerdo pierde toda su razón de ser. Por eso lo que sigue para la concreción de esta enorme alianza centra su atención en el Capitolio.

Por lo pronto el TPP ha conseguido lo que ningún otro político ha logrado: poner de acuerdo a demócratas y republicanos… en contra del acuerdo.

Claro que también hay legisladores de ambos bandos que piensan que este acuerdo puede resultar benéfico para la economía estadounidense. Si no fuera así, simplemente Barack Obama no hubiera obtenido la vía rápida (fast track) del Senado para una negociación en bloque del acuerdo.

El libre comercio ha sido más benéfico para Estados Unidos que un lastre, pero el ambiente que priva no es de un análisis estadístico, es de un calentamiento preelectoral que se ejemplifica muy bien en los exabruptos de Donald Trump y su amenaza de cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Y es entonces ése el terreno que debe pisar Barack Obama para consolidar lo que puede marcar su trascendencia y generarle un buen lugar como ex presidente de Estados Unidos.

La bandera de lucha interna de la Casa Blanca para vender el TPP es que se trata de un acuerdo anti-China. Recientemente dijo Obama que no había duda de la conveniencia de un acuerdo de estas características para evitar que algunos países como China escriban las reglas del comercio mundial.

Por los tiempos acordados, será el próximo año cuando el tema llegue al Congreso estadounidense. Esto tiene la desventaja de coincidir con la efervescencia previa a las elecciones del próximo año, pero tiene la ventaja de que quizá para entonces los más radicales estén de vuelta en sus rascacielos de Manhattan.

No hay que perder de vista que a Barack Obama se le identifica como el porrista en jefe del TPP, por lo tanto eso lo convierte en un blanco de ataque de los opositores y malquerientes del mandatario.

El TPP será puesto a revisión y divulgación de aquí a enero próximo, cuando deberá ser firmado por los otros 11 jefes de Estado. Después de eso, en Estados Unidos, Obama podrá utilizar el mecanismo de fast track para lograr la aprobación sin revisión del acuerdo con una mayoría simple.

Y si bien es un hecho que los republicanos aman el libre comercio, a diferencia de muchos demócratas que lo consideran contrario a su pensamiento, podrían los opositores de Obama buscar mecanismos para retrasar su firma hasta después de las elecciones.

Podría no estar Estados Unidos para el estreno del TPP, pero todo el mundo sabe que si eso ocurre nada sería igual.