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Hay silencios más elocuentes que las palabras. Así como dicen que una imagen dice más que mil palabras, también reza la frase que “el que calla otorga”.

Hoy más que nunca, ejemplos hay muchos en nuestro triste país, concretamente en la política nacional.

Luego de una andanada de reproches, rechazos, descalificaciones y desmantelamientos que han sufrido numerosos organismos autónomos por parte del mismísimo Presidente Andrés Manuel López Obrador surgen los prolongados silencios respecto del futuro de esas entidades que han servido, en su mayoría, de contrapesos , que no de oposición, al gobierno de la Republica.

Las observaciones, censos y desempeño de órganos como el Instituto Nacional Electoral, el INEGI y otros, no son música para los oídos del Presidente López Obrador.
Toda opinión que no vaya de la mano con la del Presidente será rechazada y quien la emita será estigmatizad@, como se hace cotidianamente con algunos medios de comunicación.

¿Cuál será la ideología del Presidente?

Se desconoce cuál es el proyecto del actual régimen.

Se conocen sus buenas intenciones de combatir la corrupción –con lo que todos están de acuerdo–; combatir la simulación, combatir la impunidad, la inseguridad, la violencia con buenos consejos que, según él, son un arma suficiente para acabar con las malas acciones de los sicarios.

Pero el cómo es lo que no concuerda con los objetivos. En la Revolución Mexicana era común que los jefes dijeran “mátenlos y después viriguan”. Hoy es: reduzcan los presupuestos, recorten personal, supriman programas –guarrearías infantiles, casas para mujeres golpeadas, etc.– y luego “a ver cómo le hacemos”.

¿Qué quiere el Presidente López Obrador? ¿Hacia dónde vamos?

¿Podrá gobernar con instituciones debilitadas?

No hay ni oposición política ni contrapesos. Asoma la cabeza una oposición conformada por la sociedad civil organizada –a la que tanto detesta el Presidente–, pero oposición de partidos no existe, sólo son entes deambulantes sin fuerza ni rumbo y carentes de liderazgo.

Los contrapesos constitucionales como los actuales –los poderes Legislativo y Judicial– en manos del Ejecutivo, por estarlo no son suficientes en un sistema democrático.

La democracia se construye y la nuestra aún está a prueba.

El afirmar que todos los conservadores son corruptos, es caer en una generalización solo para justificar una posición política.

Ciertamente la ideología divide, pero ¿acaso la izquierda está exenta de tentaciones terrenales como la corrupción?

Para este régimen todos los problemas del presente –en México– son producto del silencio del pasado y, silencio porque todas las tropelías de sexenios anteriores, en especial las del inefable Enrique Peña Nieto, se hicieron sin ruido .

Ese trabajo en silencio es el que ahora surge y muestra lo indecible que se hizo a la sombra del poder.

El silencio de los culpables sopla al mismo tiempo con el silencio del Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador de no tocarlos ni con el pétalo de una rosa.
Otro silencio, el que guarda Eduardo Medina Mora respecto a no externar los motivos “graves”, por los que renuncia –al Presidente–como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como lo mandata la Constitución General de la República. Se incorpora así al coro del silencio de los culpables, que no de los inocentes.

¡Digamos la Verdad!