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A penas han pasado seis meses del 2020, aunque parece una eternidad. Y ni hablar sólo del segundo trimestre, que ha sido uno de los más largos y complicados que, sin lugar dudas, hemos tenido en nuestras vidas.

Muchos de los planes, proyectos y pronósticos que teníamos para este año quedaron aniquilados. No sólo por el repentino cambio de las condiciones económicas y sociales, sino porque muchas personas hoy ya no están con nosotros, víctimas del Covid-19.

Antes de enfrentarnos a la pandemia, ya esperábamos que la economía mexicana mantuviera un estancamiento, derivado de las malas políticas públicas del gobierno federal. Pero hoy, ya quisiéramos revivir esos pronósticos de tener una expansión del Producto Interno Bruto este 2020 de 1 por ciento.

Hoy que inicia el segundo semestre del año hay que tener claridad de lo que no tendremos de vuelta por largo tiempo y tratar de anticiparnos ante los escenarios posibles que nos plantea la presencia permanente del coronavirus SARS-CoV-2.

Lo que es un hecho es que no tendremos de vuelta durante el resto del 2020, y por algún tiempo más, aquello que concebíamos como la vida normal: un estadio lleno, un concierto, abrazos y besos, un bar concurrido, el grito de Independencia en el Zócalo. Claro, puede ocurrir, pero sería contrario al más elemental sentido común.

Hay altas probabilidades de que, cuando lleguen las bajas temperaturas del otoño e inicie la temporada de influenza, podamos tener un peligroso repunte de los casos del Covid-19. Es un hecho que la nueva normalidad incluye el gel desinfectante, la mascarilla y la recesión.

No tendremos un rebote económico que nos haga pensar que a partir de este momento estamos en franca recuperación. Ese discurso de los neoliberales del comportamiento en “V” que ahora tanto le gusta al presidente López Obrador es algo que no vamos a ver.

La condición económica que viene será más complicada que los picos, mesetas y curvas aplanadas del político de moda de la 4T, Hugo López-Gatell. Habrá sectores que pudieran encontrar niveles de reactivación más acelerados, quizá algunos relacionados con las cadenas industriales norteamericanas, y habrá otros que podrán mantenerse en el estancamiento prolongado, muy probablemente en servicios.

Es también lo más probable que el gobierno federal no se mueva un centímetro de sus políticas públicas y que éstas acaben por complicar más la recuperación económica. Los proyectos que ya eran inviables hoy son contraproducentes, como el Tren Maya y Dos Bocas.

Seguirá la polarización social, inducida desde la propia presidencia, que puede llegar hasta niveles de confrontación por el escenario de desempleo y aumento de la pobreza. La inseguridad seguirá presente y podría agravarse en todas sus modalidades, por la impunidad y por la crisis económica.

La segunda mitad del año, pues, pinta para ser extremadamente precavidos. Primero, en la salud, no relajar las medidas personales, por más que las autoridades pretendan ubicar los semáforos en tonalidades políticas.

Y, después, en materia económica hay que evaluar bien las inversiones, hay que cuidar el empleo y las finanzas personales, ante la realidad de un escenario que podría mantenerse deprimido por largo tiempo.