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La realidad es que el recuento podría alcanzar prácticamente todo el calendario desde que el actual gobierno inició con la toma de decisiones.

Pero este mes de octubre ya fue, hace dos años, el momento de la toma de una decisión por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador que habría de marcar su administración aun antes de haber iniciado.

La cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto de México en Texcoco, con prácticamente 40% de avance, fue algo muy oneroso por donde se lo quiera ver.

Económicamente fue una decisión terrible, porque implicaba una multimillonaria indemnización a los inversionistas que tardará toda una generación en pagarse, vía el impuesto del uso del viejo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En términos aeronáuticos es un gran riesgo, porque arbitrariamente se decidió construir una terminal comercial en un aeródromo militar que no tiene la garantía de contar con las certificaciones internacionales para ser realmente utilizado.

Está muy lejos de sus usuarios, pero lo más terrible es que alejó a los agentes económicos que entendieron, con esa decisión, que el sentido común estaría ausente ante la voluntad unipersonal que rige la 4T.

Entre ese día de octubre del 2018 y el décimo mes del 2020 han sucedido muchas cosas que poco abonan al bienestar y al crecimiento. Claro, la principal calamidad es la pandemia de Covid-19, pero no son pocas las decisiones gubernamentales que son lastres muy pesados.

Pero lo que ahora cocina la 4T, a través de su oficina de asuntos legislativos, es sumamente preocupante. La desaparición de los 109 fondos y fideicomisos es una involución muy grave para el país.

Ese afán de controlarlo todo desde Palacio Nacional hará que este país pase muy malos momentos en el futuro. Un fondo es un guardadito para cumplir objetivos de largo plazo o responder a situaciones emergentes.

El Fondo de Desastres Naturales es una bolsa disponible para paliar una desgracia natural. Sin previsión presupuestal, puede llegar un desastre que sea imposible de cubrir con recursos del presupuesto en curso.

O, por ejemplo, el Fondo de Ciencia y Tecnología permite dar respaldo financiero a proyectos multianuales, para evitar que cada año tengan que andar suplicando una partida presupuestal.

Disponer de los recursos de esos 109 fondos y fideicomisos paliará artificialmente la crisis económica durante un corto tiempo. Son recursos que seguramente se destinarán a los proyectos faraónicos y a los programas clientelares. Pero que destruirán los guardaditos que tardaron años en formarse.

El proceso de desmantelamiento institucional está en marcha. Y esta decisión es una de las más costosas para el futuro.

Y tanto esta decisión como la cancelación del aeropuerto comparten el mismo pretexto: el combate a la corrupción. Lo cual es una mentira. Porque, con todo el poder que tiene el actual presidente podría, si quisiera, limpiar cualquier fondo, fideicomiso, dependencia o construcción de infraestructura que quisiera de corrupción. Porque todo está bajo su mando.

Pero esa bandera anticorrupción es el Caballo de Troya para destruir, sin tener un plan alternativo viable de transformación.