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Estamos a un par de semanas de que inicien lo que los publicistas suelen llamar la gran fiesta de la juventud en pos de la alegría, el deporte y la paz, los juegos de verano de la Olimpiada, esta vez en París. La vieja Lutecia se prepara para un verano inundado de miedo y de policías en previsión de los muy probables ataques terroristas para aprovechar la atención mediática que estos eventos provocan.

Pero no es solamente Francia o Europa entera las víctimas del miedo. En los Estados Unidos acaban de arrestar a ocho ciudadanos de Tadtyikistán bajo sospecha de nexos con la organzación terrorista ISIS, que trae de cabeza al Medio Oriente. Las medidas represivas en la frontera con México no se deben al temor de la invasión de ilegales en busca de trabajo, que los agricultores del Valle Imperial o el Valle del Rio Grande necesitan para explotar en sus cosechas: la preocupación principal de la migra gabacha es que por la porosa frontera entren a su territorio operativos terroristas como los que ocasionaron el infausto septiembre 11, que eran residentes legales en los Estados Unidos.

El Consejo de Seguridad de la ONU, que sirve para maldita la cosa, ya aprobó el plan de paz para la franja de Gaza, mientras la matanza de civiles inocentes allá continúa. El plan, en el papel, es precioso. Establece el cese inmediato de hostilidades, la entrega de rehenes y prisioneros, la retirada de las tropas de ocupación y finalmene coexistencia de dos estados, vecinos, independientes y respetuosos el uno del otro. El de Israel y el de Palestina. Y su nieve ¿de qué la van a querer? Los enemigos ancestrales, descendientes al fin de cuentas de las mismas tribus semitas emparentadas y asentadas desde siempre en esas áridas regiones, tienen miedo el uno del otro. No hay la mínima confianza.

El miedo fue un factor importante a mi juicio en las elecciones mexicanas del dos de junio. Un miedo inducido principalmente desde el gobierno del cuatrote, pero azuzado en cierta medida por los mensajes de la amenaza comunista cubanezolana a la dicen que nos quiere Lopitos llevar. Miedo por aquí, miedo por allá.

No es novedad recordar que el miedo es solamente uno de los principales productos de la ignorancia o de la desinformación, que vienen a ser lo mismo. Y a los mexicanos nos falta mucho para superar esta brecha.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): Se supone que el presidente Joe Biden debe estar pasando aceite por el juicio que su hijo Hunter está perdiendo en tribunales. En el país en que es más fácil comprar una metralleta que tramitar una visa de entrada legal, el hijo del presidente está acusado de mentir a la hora de comprar una pistola. Entre otras cosas, por ocultar que hace siete años fue convicto de posesión de cocaína, de la que era -o sigue siendo- usuario. No se apure, señor Presidente: mírese en el espejo del Sur. Los pecadillos de la familia presidencial no le hicieron mella alguna a Lopitos a la hoa del voto. Y mire que los pecados de aquí no eran baba de perico.