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El nuevo paradigma petrolero implica que los precios de crudo que estamos viendo han llegado para quedarse y difícilmente superarán los 60 dólares por barril, pero que tampoco debieran ser muy inferiores a los mínimos de agosto.

Después de tocar un mínimo de 39 dólares por barril a finales de agosto y oscilar en alrededor de 45 dólares durante septiembre, las últimas dos semanas se ha dado un rebote que ha llevado el precio del barril a casi 50 dólares (el Brent, que es un crudo más ligero, llegó casi a 53 dólares), su mejor nivel desde julio.

Para algunos observadores, este movimiento es la primera indicación de que los precios del petróleo están entrando a un periodo de estabilización al que le podría seguir una recuperación hasta los 70 dólares por barril. Sin embargo, para otros especialistas esta recuperación es simplemente un rebote temporal al que podría seguir una nueva recaída que llevaría los precios a 20 dólares por barril.

Para entender qué escenario es más probable, vale la pena repasar los cambios fundamentales recientes que ha sufrido la industria petrolera. Independientemente de la desaceleración económica que ha contribuido a un menor crecimiento de la demanda de petróleo a nivel global, el factor primordial detrás de la caída de los precios del crudo ha sido el incremento en la oferta, producto del perfeccionamiento de las técnicas de perforación horizontal y de fracturación hidráulica de roca (fracking en inglés), que en combinación con un periodo prolongado de precios altos detonaron un boom en la producción de petróleo a partir de formaciones de roca tipo shale en Estados Unidos. Estos avances tecnológicos hicieron realidad la posibilidad de extraer crudo de sitios anteriormente inviables desde el punto de vista económico. Esto catapultó a Estados Unidos del cuarto al primer lugar en producción mundial de petróleo entre el 2007 y el 2013, pasando de 8.5 a 12.3 millones de barriles en ese periodo.

Históricamente, Arabia Saudita ha tenido una influencia única y notable sobre los precios internacionales del petróleo al gozar de reservas gigantescas de fácil extracción y capacidad de producción ociosa, lo que le permitió convertirse en el productor marginal por excelencia, moviendo el mercado hacia un lado o hacia otro con la simple decisión de cuanto recortar o aumentar su producción. Con la revolución del shale oil, Estados Unidos se ha convertido en un nuevo productor marginal, aunque con costos de extracción considerablemente más altos que Arabia Saudita.

Los que argumentan que el precio del petróleo seguirá bajando dicen que se requiere un precio más bajo para absorber la sobreoferta y el exceso de inventarios a nivel global. Sin embargo, vale la pena destacar que el más vocal de los pesimistas, Goldman Sachs, ve el escenario de los 20 dólares como el peor de todos y que su escenario base ubica el barril de petróleo WTI en 45 dólares para el fin del 2016. Por otro lado, los optimistas reconocen que actualmente hay un exceso de inventarios pero que durante los próximos 12 meses se dará un rebalanceo con una reducción en la producción, incentivada por el bajo nivel de precios, y una mejoría en la demanda que llevaría el petróleo hasta 70 dólares por barril.

La nueva realidad de precios bajos ha hecho incosteable la extracción de shale oil de los pozos más marginales y ha desincentivado la perforación de nuevos pozos; sin embargo, cualquier alza en los precios incentivaría un aumento importante en la producción de shale oil, al que habría que sumar un incremento en la producción de petróleo en Irán.

En ausencia de choques geopolíticos, la realidad es que el nuevo paradigma petrolero implica que los precios de crudo que estamos viendo han llegado para quedarse y que difícilmente superarán los 60 dólares por barril, pero que tampoco debieran ser muy inferiores a los mínimos que observamos a finales de agosto.

El rebote en precios del petróleo ¿es temporal? - val_petroleo_131015
Foto de El Economista