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Las cifras de los Proyectos Prioritarios que hay en el presupuesto 2019 (pueden verse en la excelente tabla publicada por MILENIO el domingo pasado) dicen que el gobierno de López Obrador pudo redirigir a ese fin solo la mitad de los recursos que había previsto: no los 500 mil millones que buscaba, sino los 251 mil 660 que pudo encontrar.

El nuevo gobierno cumple su palabra de cuadrar un presupuesto con superávit primario, sin hacer (tantas) cuentas alegres sobre sus ingresos, y sin comprometer en el gasto recursos que no tiene.

Sus prioridades están claras: bienestar social (becas y subsidios), seguridad (Ejército), energía (Pemex).

Sus no prioridades también: quita dinero federal a estados, municipios, otros poderes, órganos autónomos del Estado, cultura, universidades, ciencia, tecnología, inglés, internet.

El 56% del presupuesto total de la federación irá a Secretarías o programas vinculados con el bienestar social.

Lo que puede verse en el horizonte es un gobierno federal construyendo nuevas (grandes) clientelas asistencialistas en lo que este gobierno juzga su tarea central: redistribuir lo que hay.

Cien mil millones habrá para pensiones de adultos mayores, 44 mil 300 para jóvenes ninis, 17 mil 300 para becas a jóvenes que estudian, 16 mil millones para colonias marginadas y reconstrucción de daños por sismos, 23 mil millones para diversos subsidios y créditos al campo, a la producción y a pequeñas y medianas empresas.

El aumento presupuestal en materia de seguridad es solo para el Ejército, y el de energía va en su mayor parte para Pemex, cuya recuperación como fuente extractiva equivaldrá, dice el Presidente, a un nuevo rescate de la industria petrolera (como la de 1938).

La inversión en infraestructura pretende reconfigurar seis refinerías y empezar una nueva, poner 18 mil millones de pesos en suplir el aeropuerto que canceló, y 6 mil millones en el Tren Maya, que recibió ya la anuencia de la Madre Tierra, pero no cuenta con un estudio de impacto ambiental.

El presupuesto retrata al nuevo gobierno como un ambicioso creador de clientelas, un inversionista aventurero en materia de infraestructura y un voraz agente centralizador, que le quita a todos para darse él.

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