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Agustín Carstens deja su cargo en octubre. La definición del próximo gobernador del Banco de México podría mover los mercados. No tiene caso negar lo obvio.

No es superpeso ni minipeso, es simplemente una divisa que lleva casi dos años buscando un momento de estabilidad. No lo hallará en el segundo semestre del 2017. El valor de la moneda mexicana se moverá, agitado por lo que ocurra en varios escenarios: la renegociación del Tratado de Libre Comercio; los primeros rounds de la sucesión presidencial; los sube y bajas del acuerdo de la OPEP y, por supuesto, las decisiones de política monetaria que tomen la Reserva Federal y el Banco de México.

El primer semestre nos entregó la sorpresa de una apreciación del peso frente al dólar, cercana al 13 por ciento. Todo parece indicar que en el segundo semestre el peso se depreciará. No volverá a los niveles de 22 por dólar, pero sí abandonará ese territorio de fantasía que era la cotización de 17.90 por dólar.

¿Por qué se depreciará el peso? La divisa mexicana será un barómetro o punching bag en la que los inversionistas harán sentir sus inquietudes en un periodo de incertidumbre. Soy optimista respecto al desenlace de la renegociación del TLC, creo que México conseguirá un buen acuerdo. Al mismo tiempo, no tengo la menor duda de que la negociación estará llena de momentos difíciles. No habrá un marcador que nos diga cómo va el diálogo, porque no se trata de un partido de futbol, pero nos encontraremos con días en los que el tipo de cambio se moverá en respuesta a un tuit o a un comunicado formal.

La batalla por la Presidencia entrará a una nueva fase en los próximos meses y eso también pondrá presión en el tipo de cambio. Sólo un partido ha definido su candidato: Morena. AMLO ha dejado claro que construirá su campaña con base en promesas de revisión o cancelación de algunas de las reformas que se hicieron en este sexenio. Eso bastaría para poner nerviosos a los inversionistas, pero no será el único factor. Se complementará con las contiendas internas de PRI, PAN y PRD. La pregunta no es si la política afectará o no a los mercados, sino de qué tamaño será esa afectación y cuánto durará. Las primeras turbulencias se darán en el 2017 y continuarán hasta bien entrado el 2018.

La política monetaria requerirá especial atención en el segundo semestre. ¿Cumplirá la Fed con su propuesta de hacer más alzas de tasas? Ésa es una de las cuestiones que afectarán el mercado cambiario. Las otras tienen que ver con el Banco de México: ¿cómo reaccionará si la Fed sube las tasas? Cualquier decisión que tome se reflejará en el tipo de cambio. Lo cierto es que el banco central se ha quedado con un margen muy estrecho para subir las tasas, luego de hacer 10 incrementos en 18 meses. Además del incremento en las alzas de tasas, el Banco de México tiene otros recursos para contener posibles olas de especulación. Uno de los más valiosos es la reputación del gobernador Agustín Carstens, que deja su cargo en octubre. La definición del próximo gobernador podría mover los mercados. No tiene caso negar lo obvio.

¿Qué implica una depreciación del peso? La economía lo puede asimilar, si es relativamente pequeña y el tipo de cambio queda por debajo de los 20 por dólar. Es el escenario más probable, suponiendo que la negociación del TLCAN y la sucesión del Banxico salgan sin turbulencias mayúsculas. Esto es un escenario optimista, pero razonable. No quiero pensar lo que tendría que pasar para llevar, otra vez, el peso a 22 por dólar.

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