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No sé qué sucedió, todo apuntaba que la votación iba a favor de Sergio Alcocer, me dijo uno de los 15 integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM, que el viernes eligió como rector para el periodo noviembre 2015-noviembre 2019 al director de la Facultad de Medicina, Enrique Graue.

Confío en mi fuente, pero comprendo que periodísticamente su afirmación anónima no sirve de mucho. Por tanto, tendremos que aceptar que Graue fue la mejor opción entre los 10 aspirantes, y su proyecto el de mayor calidad y viabilidad. Nada obliga a los notables Asomoza, Corona, Cruz-González, De Buen, Ezcurdia, Fuentes, Garciadiego, Millán, Mohar, Orozco, Soberón, Tirado, Urrutia, Zabludovsky y Zarco a explicar las razones de sus votos. Graue fue elegido y así será. Elección que, entre otras cosas, significa que los médicos gobernarán la UNAM los primeros 20 años del siglo XXI.

Como ocurrió hace unos días con la declinación del abogado y senador del PRI Raúl Cervantes a contender por una posición de ministro de la Suprema Corte de Justicia, la derrota de Alcocer deja en claro que hoy no hay peor distintivo para buscar una posición de prestigio que ser señalado como cercano del gobierno federal, como “amigo” del presidente Peña Nieto.

Dos derrotas tremendas en el lapso de una semana. Cervantes no pudo meter ni las manos. Grupos con gran presencia en los medios inventaron que su llegada a la Corte sería producto de una deplorable negociación y se dedicaron a bloquear esa posibilidad con el taquillero lema “no a la partidización de la Corte”. Se impusieron por default. Cervantes prefirió regresar al Senado que aventurarse por una ruta que no le vaticinaba nada bueno. No se le cuestionó capacidad ni trayectoria. Era el “hombre de Peña Nieto” y había que pararlo a como diera lugar.

Parece que algo así ocurrió con el ex subsecretario de Energía y de Relaciones Exteriores Sergio Alcocer. Una copiosa campaña en redes sociales lo estigmatizó como oficialista a las órdenes del presidente de la República, como alguien que no pasaría.

Conocedores del proceso en la UNAM aseguraban que Alcocer contaba con el respaldo de dos terceras partes de los directores de facultades, escuelas e institutos. Pero ganó un candidato que no hizo campaña. Sólo la Junta de Gobierno sabrá por qué y no tendrá que dar explicaciones.

Al menos en las entrevistas, el proyecto del “oficialista” Alcocer anunciaba una renovación que sacudiría a una anquilosada y desigual UNAM. El triunfo de Graue, en cambio, perfila continuidad e inmovilidad en una institución que ama cantarse y autocelebrarse. E invierte mucho dinero en ello. Dinero público.

MENOS DE 140. Por radiofrecuencia, El Americano pidió el sábado preparar las armas para “actuar por nuestra cuenta” en La Ruana. ¿Lo oyó el gobierno?

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