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Es buena noticia para los panistas que los apoyos de Roberto Gil serán el fiel de la balanza para definir a su líder nacional. Los otros candidatos son Marko Cortés, dedo chiquito de Ricardo Anaya; y Rafael Moreno Valle, cuyo cuñado es dedo chiquito de Morena, pues coordinará a los diputados del PES.

La mayoría de los panistas coincide en que Gil es la mejor opción, pero objetan que están “dolidos” porque apoyó, durante la pasada campaña presidencial, a José Antonio Meade. “Pudo haberlo hecho, sin decirlo, y no pasaba nada… pero lo dijo”, eso alegan.

Mal haría el PAN dejándose llevar por fantasmas de un pasado en el que todos aportaron su granito de arena para conseguir la mayor debacle del partido, aunque vivía el mejor momento de su historia: dos años atrás había ganado siete de 12 gubernaturas y gobernado a 40 millones de mexicanos.

Gil habrá apoyado a Meade (claro, después de que el partido le dio un portazo en las narices), pero Margarita Zavala se tuvo que ir como independiente después de ser casi echada, a Ernesto Cordero lo expulsaron, Ricardo Anaya se enredó en señalamientos de corrupción…

¿Entonces se van a poner los panistas a lavar la ropa sucia del pasado? ¿Y perder por eso la posibilidad de tener al mejor dirigente nacional que puedan conseguir en este momento? La verdad es que, por muy de derecha que sean, deberían de aprender un poco de Lenin.

Cuando la URSS se venía abajo en 1921, Vladimir Ulianov impuso la Nueva Política Económica, a la que llamó “capitalismo de Estado” y  que permitió el establecimiento de empresas privadas. “Hay que dar un paso atrás, para luego dar dos adelante”, explicó sin sonrojos el padre del comunismo.

Flaco favor se hacen los panistas si prefieren perder al mejor presidente que puedan tener en la actualidad, por pasar cuentas a un pasado reciente del cual tendrían que aprender de los errores, y no dejarse llevar por venganzas típicas de su vida interna de campanario.

Gil cuenta con un respeto general en el poder legislativo, y su conducción reinsertaría al PAN en el debate de las dos cámaras. Es también un político de diálogo, cuya palabra tiene un valor y transita muy bien en todos los partidos.

Es un panista doctrinario, de cepa, y el de mejor imagen hoy en día en los medios y en cada uno de los entornos políticos. Esta convencido, además, de que el PAN debe ir a las urnas para resolver la crisis estructural que padece, y no a través de reflexiones cupulares o de elites.

Pues ahí lo tienen. No deberían dejarlo ir.

Sino, siempre les quedaría… algún dedo chiquito.