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Cuando Estados Unidos despierte de Trump, habrá perdido el liderato global que tenía. En unos cuantos días de su gira europea para la reunión del G20, Trump vio disminuido su liderato comercial en Europa y Asia, su liderato militar en la OTAN y en las negociaciones del cambio climático.

Días antes de la reunión del G20, la Unión Europea y Japón anunciaron la firma de un tratado de libre comercio que, de verificarse, sería el segundo más grande del mundo. El primero es el TLCAN, que Trump quiere renegociar o rechazar.

La decisión eurojaponesa es la respuesta estratégica a la irreflexiva salida de Trump del Trans Pacific Partnership, que estaba llamado a ser el polo rector del comercio de América y Asia, para contener a China.

El eje Europa-Japón quiere jugar ahora ese papel de referente del comercio mundial, dejando fuera a quien quiere dejar ese liderato: los Estados Unidos de Trump.

Las rudeza de Trump ante la OTAN, exigiendo pagos por la cobertura militar estadunidense, ha desatado también un proceso europeo de sustitución.

En estos días se reveló que ha encontrado un camino legal para financiar con Francia un esquema de disuasión nuclear paralelo al de la OTAN, “una sombrilla nuclear paneuropea”, dadas las posiciones reticentes de Trump (http://nyti.ms/2tf89Do).

Finalmente, los países del G20 decidieron seguir adelante con los acuerdos del cambio climático, dejando fuera de la conversación al más poderoso de sus miembros que no quiere ser parte del trato: los Estados Unidos de Trump.

Como en un remolino, los días europeos de Trump la semana pasada nos mostraron su triple pérdida de liderato global: comercial, militar y ecológico.

No hay en esas pérdidas nada que no quiera Trump, y es esta ceguera estratégica la que debe preocupar a Estados Unidos y al mundo. Porque el aislacionismo de Trump deja un vacío en el balance del poder internacional, que alguien habrá de llenar.

Y no hay registros históricos de que estos virajes globales hayan podido lograrse sin grandes turbulencias, conflictos regionales, guerras comerciales y de las otras.

No sé si las pérdidas en tantos frentes serán tolerables para el establecimiento americano que sí entiende las ventajas políticas y económicas que van junto con las responsabilidades y los costos del liderato global.

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